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Ingenieros ilustres

Andrés Manuel del Río Fernández

24/02/2014

 Andrés Manuel del Río Fernández nació el 10 de noviembre de 1764 en Madrid (España) y falleció el 23 de marzo de 1849 en la Ciudad de México. El mundo le debe el descubrimiento del elemento químico vanadio, al que él denominó eritronio.

Estudió química analítica y metalurgia en su país natal. Realizó estudios de filosofía, teología y literatura. Formado en el Instituto de San Isidro de Madrid se graduó como bachiller en 1780 en la Universidad de Alcalá y posteriormente ingresó en la Escuela de Minería de Almadén, en España, donde todavía enseñaba Enrique Cristóbal Storr. Destacó por su interés en la minería y la mineralogía. 

Más tarde se trasladó a Francia donde estudió en París bajo la dirección del químico Jean d'Arcet, analizando minerales y porcelana, debido al gran interés que en estos productos tenía la Corona española. En 1786 fue pensionado por la corona española para seguir los cursos de la Academa de Minas de Schemnitz, (Hungría, entonces parte del imperio austriaco, y en la actualidad, Banska Stiavnica, en Eslovaquia). 

Continuó posteriormente sus estudios en la Academia de Minas de Freiberg en Sajonia (creada en 1767 y que fue la primera Escuela de Minas de Europa), bajo la dirección de Abraham Gottlob Werner, el padre del neptunismo (atribuía el origen de las rocas a la cristalización de minerales en los océanos. Era una teoría antagónica al plutonismo que atribuía el origen del material geológico a la acción de los volcanes). En 1791 visitó las industrias metalúrgicas inglesas.

Se dice, aunque no hay modo de comprobarlo, que llegó a ser discípulo de Antoine Lavoisier en París y tuvo que huir perseguido a Inglaterra, después de que Lavoisier, considerado el fundador de la química moderna, fuese ejecutado en la guillotina. Don Andrés llegó también a colaborar con el abate Haüy, considerado como el padre de la cristalografía.

En 1792 se inauguró el Real Seminario de Minería de la Nueva España, a partir de un decreto del rey Carlos III de España, con el objeto de reformar la minería y metalurgia en la colonia americana. Dos años más tarde, el joven Del Río fue enviado por el Gobierno español a Ciudad de Méjico para ocupar la cátedra de Química y Mineralogía en la recién creada Escuela de Minas, dirigida por el también ingeniero de minas Fausto Elhúyar (1755-1833), descubridor wolframio. 

Del Río arribó al puerto de Veracruz el 20 de octubre de 1794, a bordo del navío “San Francisco de Alcántara” procedente de Cádiz. Una vez en la Nueva España, realizó una muy valiosa labor docente y de investigación. Llegó a ser director del Seminario de Minería y realizó importantes estudios de minerales y desarrollos de novedosos métodos de minería. 

En México, Andrés Manuel Del Río fue colaborador y amigo del naturalista alemán Alexander von Humboldt quien escribió a propósito de su colega: “es en México en donde se ha impreso la mejor obra mineralógica que posee la literatura española, los Elementos de Orictognosia escrita por el señor Del Rio”. De hecho, esta obra vino a ser el primer libro de mineralogía escrito en toda América. 

El barón Humboldt participó activamente en las labores del Real Seminario, al lado de Andrés Manuel Del Río. Organizó excursiones a Chapultepec, a la zona basáltica del Pedregal del Xitle (Pedregal de San Ángel) y al Peñón de los Baños, recogiendo datos y muestras de minerales y rocas que sometió a ensayos químicos para identificación.

En 1820 Don Andrés fue diputado electo ante las cortes españolas, en donde adoptó posturas liberales abogando siempre por la independencia de la Nueva España. Se encontraba en Madrid cuando se concretó la Independencia de México. Invitado a permanecer en España, Andrés Manuel Del Río decidió volver a lo que llamó “su patria”. 

Después del turbulento periodo de la guerra con España, el gobierno independiente de México decretó en 1829 la expulsión de los españoles residentes en el país, con notables excepciones, entre las cuales se encontraba el caso de Don Andrés. Estas medidas impactaron de manera decisiva las actividades del Seminario de Minería y de hecho su director Fausto Elhúyar, se vio obligado a renunciar y a salir del país. Indignado con la medida, Andrés Manuel Del Río decidió solidarizarse con los expulsados exiliándose voluntariamente en la Ciudad de Filadelfia en los Estados Unidos de América, donde fue ampliamente reconocido, teniendo su obra escrita reeditada. Finalmente regresó a México en 1834 y asumió nuevamente su cátedra de Mineralogía.

En 1801, al examinar muestras minerales de vanadita procedentes de Zimapán en el actual Estado de Hidalgo en México, Andrés Manuel Del Río llegó a la conclusión de que había encontrado un nuevo elemento metálico. Preparó varios compuestos con él y al observar la diversidad de colores que presentaban, lo denominó "pancromio" (muchos colores, en griego). Poco después, al observar que los compuestos calentados cambiaban su color al rojo, denominó al nuevo elemento como eritronio (eritros, significa rojo en griego). 

Un año después entregó muestras que contenían el nuevo elemento a Alexander von Humboldt, quién los envió a Hippolyte Victor Collet-Descotils en París para su análisis. Collet-Descotils analizó las muestras e informó, equivocadamente, que contenía sólo cromo por lo que von Humboldt, a su vez, rechazó la pretensión de su amigo Don Andrés sobre un nuevo elemento. Posiblemente por su juventud (contaba entonces 37 años), Del Río no vio razones para dudar de este diagnóstico, supuso que se había equivocado y no volvió a hablar del asunto.

En 1830 en Suecia, el profesor Nils Gabriel Sefström lo redescubrió y lo bautizó con su nombre definitivo: vanadio, en homenaje a Vanadis, la diosa escandinava de la belleza y el amor. En el mismo año, Friedrich Wöhler, el químico alemán que sintetizó la urea por primera vez, demostró, analizando muestras del mismo mineral estudiado por Don Andrés, que vanadio y eritronio eran el mismo elemento. No obstante, la historia y el uso han consagrado el nombre del vanadio frente al de eritronio. Casos análogos, aunque no de tanta trascendencia, le sucedieron a Andrés del Río con la descripción de nuevos minerales, ya conocidos por los químicos europeos a causa del lapso de diez a doce años que, según su decir, tardaban en llegar las noticias científicas de Europa.

Posteriormente, el geólogo estadounidense George William Featherstonhaugh propuso, sin éxito, que el nuevo elemento fuese llamado rionio en honor a su descubridor original. Don Andrés comentó irónico frente al despojo: “el uso, que es tirano de las lenguas, ha querido que se llame vanadio, por no sé que divinidad escandinava; más derecho tenía otra mexicana, que en sus tierras se halló hace treinta años”. Finalmente el químico inglés Henry Enfield Roscoe lo aisló en forma pura, por primera vez, en 1867. El último esfuerzo sin éxito por cambiar el nombre del elemento lo realizaron el físico mexicano Manuel Sandoval Vallarta y el historiador Arturo Arnaiz y Freg ante la Comisión Internacional de Nomenclatura Química, en 1948.

Descubrió la aleación natural de oro y rodio, y el seleniuro de mercurio, entre otros compuestos. Dirigió en Michoacán la instalación de la primera fundición de hierro y acero a escala industrial de Hispanoamérica, e inventó una bomba de agua para el achique de las galerías de las minas.

Andrés Manuel Del Río murió a los 84 años de edad, luego de una muy rica vida académica. Su obra y pensamiento político liberal fueron fundamentales para la construcción exitosa de la nueva nación mexicana. Fue miembro fundador del Palacio de Minería (Colegio de Minería) y sentó las bases para la creación de lo que hoy es el Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Fue miembro de la Real Academia de Ciencias de Madrid, de la Sociedad Werneriana de Edimburgo, de la Real Academia de Ciencias del Instituto de Francia, de la Sociedad Económica de Leipzig, de la Sociedad Linneana de Leipzig, de la Real Academia de Sajonia, de la Sociedad Filosófica de Filadelfia, Presidente de la Sociedad Geológica de Filadelfia y del Liceo de Historia Natural de Nueva York, entre otras muchas.

Su extensa obra científica incluye el descubrimiento y descripción de varias especias minerales, así como la innovación de métodos para la extracción de minerales en la industria minera. A su muerte, el importante distrito minero que incluye Batopilas, en Chihuahua fue bautizado con su nombre, siendo en la actualidad el Distrito Judicial Andrés del Río.

El prestigiado Premio Nacional de Química “Andrés Manuel Del Río” fue instituido por la Sociedad Química de México, A. C. en 1964, con la finalidad de hacer un reconocimiento público nacional a la labor realizada por profesionales de la química que han contribuido de manera extraordinaria a elevar la calidad y el prestigio de la profesión. Consiste en una medalla con la efigie de Andrés Manuel del Río y una placa conmemorativa.

Fuentes: cienciascic.blogspot, biografiasyvidas, wikipedia