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Ingenieros ilustres

Casiano de Prado y Vallo

24/02/2014

 Casiano de Prado y Vallo (Santiago de Compostela, 13 de agosto de 1797 - Madrid, 4 de julio de 1866), fue hijo del arquitecto Melchor Prado que trató de inducirle a seguir su propia carrera. Hizo Casiano de Prado sus primeros estudios de matemáticas en la Universidad de Compostela, donde fue condiscípulo de Ramón de la Sagra, ya por entonces volcado hacia las ciencias naturales, afición que llegaron a compartir. 

Casiano de Prado es considerado uno de los padres de la Geología española, destacando por ser el pionero en nuestro país en los estudios de las cavernas y aluviones para buscar restos del hombre fósil y determinar su antigüedad, labor que culmina con el descubrimiento del Paleolítico en España en 1862. 

En 1828 viajó a Madrid, dispuesto a seguir los pasos de su padre, pero al parecer por influencia de Jacobo María de Parga se decidió finalmente por ingresar en la Escuela de Minas, matriculándose en el curso de mineralogía de José Duró y Garcés. Finalizó la carrera de Ingeniería de Minas en 1833 y en 1834 hizo su ingreso en el Cuerpo de Ingenieros de Minas, siendo su primer destino el de Inspector de Minas de Aragón y Cataluña, puesto en el que permaneció durante cinco años. Hay que resaltar su doble condición de ingeniero de minas y de geólogo, con una larga dedicación a la explotación de minas y a la localización de yacimientos.

Durante la década de 1840-1850, estuvo destinado en diversos yacimientos: fue director de la minas de Almadén, inspector de Sierra Almagrera, de las minas de Palencia y Galicia y director de las Minas de Río Tinto, cargo que ocupó hasta 1849.

Casiano de Prado fue un insigne estudioso de la naturaleza española. En 1845, durante uno de sus viajes científicos relacionado con la minería "descubre" los Picos de Europa, a los que bautiza con ese nombre por ser la primera visión que de la tierra europea tienen los navegantes atlánticos cuando se acercan a ella por las costas asturianas. Prado reconoce su deseo de ascender a la cota más alta de los Picos y se expresa como un verdadero montañero, cuyo objetivo es subir a lo más alto. Y eso fue lo que hizo. En 1856 (cuando acababa de cumplir los 59 años), acompañado de sus ayudantes, logró ser el primero en ascender la Torre del Llambrión, enorme masa caliza de 2642 m sólo superada por la Torre de Cerredo, 2 metros más alta. Los montañeros del país, que siguen admirando su gesta, le consideran como el primer montañero de nuestro país y pionero del alpinismo español.

A Casiano de Prado también le cabe el honor de ser el "descubridor" de la Sierra de Guadarrama. Inicia su exploración en 1864, año en que recorre La Pedriza y logra ascender, por primera vez en la historia del montañismo español, la inmensa mole granítica de El Yelmo (1714 m), la más alta y característica de todo el lugar, visible incluso desde Madrid.

Con Casiano de Prado se inician los estudios de Geología moderna en nuestro país y prueba de ello es su primer libro "Vindicación de la Geología" donde exalta la importancia de esta disciplina como una ciencia de nueva creación, básica para conocer la naturaleza y la Tierra. 

Pero la obra fundamental de Prado como geólogo, la que él mismo consideraba como predilecta, fue la memoria “in extenso” de la geología de la provincia de Madrid (1864), que apareció publicada por la Junta de Estadística como “Descripción física y geológica de la provincia de Madrid”. Fue una obra de 17 años de trabajo, comenzada a los 51 de edad. La información geológica que contiene es abundante y el detalle del mapa no fue superado sino hasta la publicación a partir de 1927 de las primeras hojas geológicas a escala 1:50.000 del Instituto Geológico y Minero.

En 1849 Casiano de Prado es nombrado miembro de la Comisión para formar la Carta Geológica de la provincia de Madrid y la general del Reino, que pronto pasó a ser conocida ya como Comisión del Mapa Geológico de España. Esta institución nació con vocación multidisciplinar y se constituyó en diferentes secciones: la Geológico- Paleontológica, la Geológico-Mineralógica, la Geográfico-Meteorológica, la Botánica y la Zoológica, asignándole de este modo, responsabilidades en casi todos los campos de las Ciencias Naturales. A partir de dicho nombramiento se dedicó con entusiasmo a los trabajos de campo, recorriendo minuciosamente diversas provincias españolas. Puede estimarse en unos 60000 km2 la extensión recorrida y cartografiada por él durante los años de trabajo en la Comisión del Mapa.

La tarea se encargó naturalmente al Cuerpo de Ingenieros de Minas, al que se incorporaron más tarde algunos naturalistas, cuando la Universidad española hubo establecido la docencia que permitía tal titulación. A cada una de las provincias del país se pensaba asignar un ingeniero para emprender el estudio geológico de la demarcación comprendida entre sus límites, pero existiendo poco personal preparado para ello en los primeros años, fue necesario que más de uno tuviera que ocuparse de estudiar varias provincias de manera sucesiva. Integrantes de la comisión en esta primera época fueron, además de Prado, Guillermo Schulz, Juan Vilanova y Piera o Mariano de la Paz Graells, entre otros insignes estudiosos de la naturaleza española.

Además, Casiano de Prado fue pionero y precursor, entre otros campos científicos, de la arqueología prehistórica y la paleontología, siendo el primer científico español que realizó investigaciones sobre el origen del hombre.

Desde 1850 se venía interesando, aunque de manera intermitente, por los hallazgos paleontológicos efectuados en las graveras del Cuaternario de los alrededores de Madrid, donde habían aparecido restos esqueléticos de elefante. La presencia de sílex en estas gravas le había llamado la atención, y ello fue causa más tarde de una visita que Casiano de Prado organizó para su amigo Edouard de Verneuil (paleontólogo francés, con el que mantuvo una activa colaboración), quien vino acompañado del paleoantropólogo Louis Lartet. Los tres se personaron a los desmontes de las explotaciones de gravas de los alrededores de la ermita de San Isidro, de donde procedían los sílex que Prado había encontrado. Y en este punto fueron identificados como hachas del Paleolítico inferior varias de las piezas de sílex examinadas. 

El hallazgo motivó la publicación en las páginas del Boletín de la Sociedad Geológica de Francia de esta noticia por parte de los colegas franceses. La visita a San Isidro se había producido el día 30 de abril de 1862, y esta fecha constituye propiamente el acta de nacimiento de la Arqueología prehistórica en España. Prado se convirtió en un entusiasta propagador de estas investigaciones y no cesó de recomendar a los ingenieros de minas que no olvidasen en sus estudios regionales la posibilidad de dar con restos de industria lítica al examinar los aluviones antiguos de los ríos, así como también en las cavernas y otras formaciones cársticas, que convenía explorar. Algunas cuevas fueran exploradas por él mismo, realizando el primer inventario de cavernas de España, siendo reconocido como pionero por los espeleólogos. Señalar que realiza también otras aportaciones a la Minería, así como en campos de aplicación de la Geología, tales como la Geotecnia, Hidrogeología, etc.

Casiano de Prado y Edouard de Verneuil inspeccionan el que sería el primer yacimiento de la arqueología prehistórica española, reconociendo que se trataban de huesos de Elephas (mastodonte).

A partir de estas primeras investigaciones Casiano de Prado comienza a interesarse vivamente por la arqueología prehistórica y la paleontología, tan desconocidas en nuestro país. Además del yacimiento de San Isidro, exploró numerosas cuevas: Colle, en León, Mudá, en Palencia o Pedraza de la Sierra en Segovia. Su interés máximo radicaba en demostrar la existencia del hombre fósil, siendo el único científico dedicado a estas cuestiones en nuestro país y el único que se mantenía al tanto de los avances y descubrimientos en Europa gracias a sus continuos contactos con investigadores extranjeros.

La senda de la Paleontología que discurre entre las Ciencias de la Tierra es la que podía interesar básicamente para su formación profesional a los ingenieros de minas: los fósiles como elemento auxiliar para su trabajo. Ello justificaba la introducción de la Paleontología en los planes de enseñanza de los futuros ingenieros. Pero lo cierto es que solo hasta 1839 no se estableció su docencia como disciplina propia en la Escuela de Minas, cuando Prado hacía ya cinco años que había terminado sus estudios. 

Las promociones anteriores, y la de él, debieron recibir en todo caso una información muy sumaria de lo que era el mundo de los fósiles y sus posibilidades de utilización a efectos prácticos. Por esta razón no es de extrañar que los trabajos geológicos de los ingenieros de minas de la primera época apenas contuviesen menciones sobre existencia de fósiles. Tuvo que ser la presencia en España de Edouard de Verneuil, con sus campañas de exploración geológica por el país a lo largo de doce años y sus publicaciones sobre los resultados alcanzados con ellas, lo que sirvió de ejemplo y acicate para que los ingenieros de minas españoles se acostumbrasen a interesarse por el contenido en fósiles de las formaciones que estudiaban y se valiesen de ellos para su datación. 

Su labor en pro de la Prehistoria española, cuando esta disciplina se encontraba en sus albores en el resto de Europa, ha hecho que este ingeniero de minas español del siglo XIX, sea considerado un pionero entre los arqueólogos.

Su contribución capital, la hipótesis de una Edad del Cobre entre el Neolítico y el Bronce, reflexionando sobre la mina del Milagro en Onís (Asturias) estudiada por Schultz en 1854, establecida utilizando su formación metalúrgica de ingeniero de minas y probablemente la experiencia de Río Tinto, está en la obra, “Descripción física y geológica de la provincia de Madrid”, en la que según María Rosario Lucas, catedrática de Arqueología de la U. A. de Madrid: "Casiano de Prado, ingeniero de minas y pionero de la prehistoria madrileña, defendió la individualidad de una etapa del Cobre, base del concepto actual del Calcolítico". Dicha hipótesis de una Edad del Cobre previa a la Edad del Bronce, al menos para nuestra península, no se admitía en Europa.

El interés mostrado por Prado hacia los estudios prehistóricos quedó patente: gracias a él se recogió el cráneo de la mina Milagro (Asturias) que se conserva en la Escuela de Minas, él fue quien dio a conocer la existencia de martillos en Cerro Muriano y sobre todo es digna de especial valoración la circular que dirigió a los ingenieros de Minas en calidad de Jefe de la Comisión Permanente de Geología Industrial en la que animaba a los ingenieros de minas a que mostrasen un especial celo a la hora de encontrar restos de industria humana de las épocas más antiguas.

Por sus hallazgos y su intensa labor en el impulso de la Geología y la Paleontología, Prado obtuvo el reconocimiento internacional entre sus homólogos ingleses y franceses, siendo nombrado en 1862 miembro de la Geological Society y de la Societé Géologique de France. 

También le llegó en esos años el reconocimiento a su labor científica en nuestro país. En 1865 se le otorga la Gran Cruz de Isabel la Católica y un año después ingresa como académico numerario en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. El 29 de abril de 1866, tomó posesión del sillón, pronunciando su discurso de ingreso bajo el título “Temperatura por la que la Tierra ha pasado en la sucesión de los tiempos geológicos”, reflexión teórica sobre los cambios climáticos en relación con las faunas y floras del pasado.

Tan sólo unos meses después una infección maligna acabó con la vida fecunda e intensa de este prestigioso científico.

Fuentes: 
Aportación científica del ingeniero de minas D. Casiano de Prado y Vallo (1797-1866) en su contexto histórico. Tesis doctoral de D. Miguel González Fabre; Ambienta, Marzo 2004. Mª Mar Merino; Casiano de Prado. Perspectiva del hombre y su obra a los 200 años de su nacimiento. J. Truyols Santonja; La obra de Casiano de Prado (1797-1866): Una visión sintética. F. J. Ayala-Carcedo; Casiano de Prado (1797-1866), pionero de la Prehistoria Española.M. Ayarzagüena Sanz