Inicio » La Escuela » Ingenieros ilustres

Ingenieros ilustres

Daniel Francisco de Paula Cortázar y Larrubia

24/02/2014

 Daniel Francisco de Paula Cortázar y Larrubia nace en Madrid el 2 de abril de 1845 y fallece también en Madrid el 13 de febrero de 1927, a los 81 años de edad. Su padre Juan (1809-1873) había estudiado Ingeniería de Caminos en París, llegando a ser Catedrático de Matemáticas en la Universidad Central (1838), así como miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid (1857) a la que renunció en 1862 por motivos de salud.

Daniel Cortázar llama la atención por su precocidad. Aunque dotado para las matemáticas, al igual que su padre, prefirió la ingeniería. Se preparó para el ingreso en la Escuela de Ingenieros de Minas y en la de Montes. Logra el ingreso en las dos escuelas cuando sólo cuenta 15 años, tras haber estudiado, de manera doméstica, con su padre, las asignaturas que se requerían. Prefiere la carrera de Ingeniero de Minas (alumno 454 de la Escuela de Madrid) y, así, en 1860 ingresó en la Escuela de Minas, concluyendo brillantemente los estudios en 1865, a los 20 años. Se licencia más tarde en Derecho, también brillantemente. 

Una vez finalizada la carrera, en 1865, Cortázar inició una etapa de cinco años en la que se dedica de lleno a su profesión de ingeniero de minas. Teruel fue su primer destino, donde presta servicios en la Jefatura de Minas, luego vendrían, en rápida sucesión, los distritos mineros de Palencia, Jaén y Madrid. Posteriormente fue subdirector de las Minas de Almadén, así como de las Minas de Linares. Su estancia en las minas de Almadén se compatibiliza con la plaza de Profesor de Dibujo en la Academia de Minas, durante los cursos 67/68 y 68/69, siendo sustituido en enero de este último año por D. Félix Pérez Duro. 

Al final de ese quinquenio, precisamente, inició Cortázar la que sería su mayor afición científica (aunque fuese, a decir verdad, fruto de sus servicios mineros): la incorporación a la Comisión del Mapa Geológico (creada en 1870), para la que trabajó durante 38 años y de la que llegó a ser director. También fue ingeniero consultor del Ministerio de Hacienda.

En 1874 y 1875, Cortázar prepara sus trabajos sobre geología regional, incluyendo una sección de geología agrícola de diversas provincias de Castilla y Levante, con la que acometió la agrología (parte de la agronomía que estudia las relaciones entre el suelo y la vegetación), entendida como disciplina genuinamente científica, frente a las más intuitivas, escasamente experimentales, agrologías anteriores. He aquí cómo se refería Francisco Javier Ayala, en un estudio sobre la geotecnia en la historia de España, a la influyente obra de Cortázar: “Descripción física, geológica y agrológica de Valladolid (1877)”, realizada para la Comisión del Mapa Geológico, en relación a la dimensión agrológica de la misma: "Cortázar, junto al naturalista Juan Vilanova y Piera (1821-1893), es uno de los iniciadores de la Edafología en España. Cortázar es probablemente el primero que hace una evaluación cuantitativa del suelo perdido por erosión hídrica debida a las lluvias en España".

El prestigio científico y el trabajo colosal que le supuso (en 38 años llegó a publicar siete tomos de las “Memorias de la Comisión del Mapa Geológico”), no impidieron que Cortázar realizase actividades en otros campos; más bien al contrario, ésa era la tarea con la que se ganaba el aplauso y la fama y sobre la cual, y gracias a la cual, fue creciendo con el tiempo su ambición e influencia. 

En 1880 publica, con Amalio Gil Maestre, “Historia, descripción y crítica de los sistemas empleados en el alumbrado de las excavaciones subterráneas. Nuevo método de iluminación de las minas”, memoria premiada por la Escuela Especial de Ingenieros de Minas, en el concurso público de 1879 y que fue publicada por la misma a cuenta de los fondos del legado de Gómez Pardo. Según Saavedra (1899) este trabajo: «fue muy aplaudido en los periódicos científicos de Europa y América». No sabemos si por ello Cortázar representaría a España, junto a Gil Maestre, en el Congreso de Electricidad de París (1881. Esta obra consta de un tema introductorio (Introducción y Primera Parte), las lámparas de seguridad cuando hay gases inflamables (Segunda Parte) y el alumbrado eléctrico (Tercera Parte), así como de varios apéndices. En ella introdujo mejoras en los sistemas de alumbrado que se venían empleando en las minas. Fue traducida al inglés y al alemán

En 1881 aparece la publicación “El hundimiento de Puigcróss de 13 de enero de 1881”. Este deslizamiento del terreno fue analizado por otros insignes ingenieros, tal es el caso de Luis Mariano Vidal, constituyendo uno de los primeros estudios de riesgos geológicos en España. En 1882, fruto de sus trabajos en el Levante peninsular aparece la “Descripción física, geológica y agrológica de la provincia de Valencia”. Otra publicación más generalista, editada por estas fechas, fue: “Clasificación y colorido de los mapas geológicos”. De esta época es también el trabajo titulado Cuenca Minera de Henarejos (1883) donde se describen los yacimientos de lignitos conquenses, aportando nuevos datos que favorecían su investigación. Sus colaboraciones en revistas científicas y periódicos son constantes.

Tal despliegue de actividad alcanza su recompensa. Así, el 9 de abril de 1883 la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid le elige miembro de número, tomando posesión el 1 de junio de 1884, pero esto fue un largo proceso. El 16 de noviembre de 1880 fue propuesto por primera vez como académico, por el ingeniero de minas Manuel Fernández de Castro y por el naturalista Sandalio de Pereda, pero salió elegido el Dr. en Medicina Ángel Guirao. Gracias a una segunda propuesta, con fecha 7 de marzo de 1883, llegaría a ser miembro de la docta Institución, con la medalla n°11. Allí desarrollará una gran actividad, llegando a la Vicepresidencia, compartida con la Presidencia de la Sección de Naturales, que ocupó desde el 15 de marzo de 1923 hasta su fallecimiento en 1927. Su discurso de ingreso fue: “Meteorología endógena y estado interior del globo terráqueo según los últimos adelantos de la Geología”, siendo contestado por Manuel Fernández de Castro. Desde su ingreso Cortázar contestará numerosos discursos de ingreso en la Academia de otros Ingenieros de Minas, como por ejemplo el de Lucas Mallada y Pueyo.

Tanto este nombramiento, como otros posteriores -presidente de la Comisión (1902-1908), del Consejo de Minería (1907-1909), y de la Sociedad Española de Historia Natural-, se deben a méritos geológico-mineros; y es que Cortázar forma, junto a Juan Vilanova, José Macpherson, Lucas Mallada o Manuel Fernández de Castro, la gran pléyade de la geología española de la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, participó en los Congresos Internacionales de Geología de París (1878), Bolonia (1881), Zurich (1894) y San Petersburgo (1897), siendo, además, jurado en las Exposiciones Universales de Filadelfia (1876) y París (1878).

El 22 de diciembre de 1877 el ingeniero civil francés Alfonso Richard inicia el sondeo de Vitoria en busca de caudales artesianos, como los obtenidos en La Grenelle (1843) y Passy (1857) en la cuenca de París. El agua no aparecía y el sondeo iba ganando metros hacia el interior de la Tierra. El día 26 de septiembre de 1881 se rompió el trepano a los 1021 m de profundidad, constituyendo en aquellos tiempos el sondeo más profundo del mundo. Al poco tiempo cuatro equipos de extracción estaban atrapados en el fondo del taladro, así como 1887 m de barras de hierro. 

La contrata pidió ayuda al Gobierno y Adán de Yarza emitió un informe donde señalaba la posible existencia de agua a mayor profundidad. El 3 de noviembre el Director General de Obras Públicas remite este informe a la Comisión del Mapa Geológico de España y esta encarga a Daniel Cortázar un estudio en profundidad. La contestación aparece en el Boletín de la Comisión del Mapa Geológico (1884) donde, tras mostrar el corte geológico comarcal, señala que: “no es probable que pudiera encontrarse el agua (...) a menos de 4000 m de profundidad”. Lo que hacía inútil el sondeo y la inversión estatal. Cortazar pone de manifiesto la necesidad de realizar estudios geológicos antes de perforar la Tierra con costosos sondeos.

López Azcona, J.M. (1988) señala que con motivo de un terremoto de intensidad X (Grado devastador) en la escala M.K.S (Medvedev-Sponheuer-Karnik) con 12 grados del I al XII. y epicentro en Arenas del Rey (Granada), ocurrido el 25 de diciembre de 1884, conocido como el terremoto de Andalucía, se nombró una comisión para su estudio presidida por Fernández de Castro y como colaboradores Juan Pablo Lasala, Daniel Cortazar y Joaquín Gonzalo Tarín. Este terremoto de trágico recuerdo causó la muerte de 745 personas y 1484 heridos. La magnífica memoria fue entregada a la superioridad (7 de marzo de 1885) y publicada de R.O. para casos análogos, se incluye en el Boletín de la Comisión XII (1885).

Daniel Cortázar también hace sus pinitos en política. Es Senador del Reino en cuatro legislaturas, y consejero de Instrucción Pública. Es ya un prohombre. Alcanza el techo de su profesión al ser designado Inspector General del Cuerpo de Ingenieros de Minas y más tarde, presidente del Consejo de Minería. También ocupa la presidencia de la Sociedad Española de Historia Natural.

Otra de sus pasiones fue la lexicografía. Lucha incansablemente por la pureza del idioma español. Da idea de la meticulosidad extrema que caracterizó la obra científica de Cortázar el que llegase a proponer la limpieza de extranjerismos y barbarismos en la lengua española. Creía, en efecto, que en las aulas españolas las cuestiones de etimología, semántica o neología eran casi peregrinas, lo cual, en la práctica, redundaba en perjuicio de la formación del científico, más que del literato.

Que eso era así lo dedujo del contacto con numerosos campesinos (rudos y puristas), durante sus expediciones geológicas, recorriendo más de 100000 Km. con su martillo y alforjas, apuntando, mientras examinaba muestras, expresiones regionales e inesperados modismos. Llegó así a preparar más de 14000 papeletas, con adiciones, supresiones y enmiendas a la duodécima edición del Diccionario de la lengua, que tenían por objeto depurar y pulir el lenguaje. Su dominio lingüístico debía ser absolutamente fiable, pues la decimotercera edición del Diccionario recogía muchos de los cambios propuestos. Esa fiabilidad resultaba de la escrupulosidad y rigor de las papeletas, acompañadas siempre de una exposición de motivos, además de citas y autores que servían de referencia en apoyo de sus tesis.

No es extraño entonces que la Real Academia Española le elija miembro de número en diciembre de 1897. Toma posesión en 1899. Ocupa el sillón del político y escritor Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897. Eduardo Saavedra, el sabio polígrafo, también ingeniero, contesta a su discurso de ingreso. Cortázar se vuelca en la Academia. Tras una labor ímproba, consigue limpiar de extranjerismos científicos y técnicos el lenguaje español de su época.

Daniel Cortázar, calva rotunda, poblada barba negra, bigote clásico, facciones agradables, regordete, autoritario, es prototipo del ingeniero humanista. Fallece en Madrid el 13 de febrero de 1927, a los 81 años de edad. En el testamento donó buena parte de los libros a la Escuela de Minas de Madrid (tenía una biblioteca de 14000 volúmenes), así como fondos para becas destinadas a quienes lo mereciesen por el aprovechamiento en sus estudios. En la Biblioteca Histórica de la Escuela de Minas de Madrid se conservan algunos apuntes de clase elaborados por Daniel Cortázar, tales como: Geometría Descriptiva (Problemas resueltos) (1860) y Aplicaciones de la Geometría Descriptiva: curso 1862 a 1863.

En su vida recibió numerosas condecoraciones: Grandes Cruces de Alfonso XII e Isabel la Católica, Comendador de Carlos III, Mérito Militar, Mérito Naval, Caballero de la Legión de Honor Francesa y Comendador de la Orden de Cristo en Portugal y asimismo fue correspondiente de la Sociedad Geológica de Londres, miembro de las Sociedades Geológicas de Bélgica, Francia e Italia, de la Paleontológica de Suiza, de la de Historia Natural de Chile, de la de Artes de Coímbra, de la de Ciencias y Artes de Barcelona, etc. 

Fuentes: Ingenieros egregios (Juan José Alzugaray); Daniel Francisco de Paula Cortázar y Larrubia publicación de Octavio Puche Riart; euskomedia.org