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Ingenieros ilustres

Domingo de Orueta y Duarte

24/02/2014

Domingo de Orueta y Duarte nació en Málaga el 24 de enero de 1862 y muere en Madrid el 16 de enero de 1926. Hijo de Domingo de Orueta Aguirre y Francisca Duarte Cardenal, era el mayor de cinco hermanos y creció en un ambiente propenso a la ciencia y a la geología: su padre, científico autoditacta, perteneció a la Sociedad Malagueña de Ciencias y era aficionado a las Ciencias Naturales, y a él se le deben, entre otras cosas, el hallazgo de scheelita en la Serranía de Ronda. La familia también mantenía estrechas relaciones con José Mac-Pherson, amigo y maestro, quien también alimentó esta pasión por la geología e influyó notablemente en su formación científica. Su tío político por parte de madre fue Antonio Álvarez de Linera, ingeniero de minas e inspector del distrito minero de Andalucía Oriental, autor de diversos importantes estudios e informes sobre la minería y la geología de la provincia de Málaga.

Sus antecedentes hay que buscarlos en su padre, Domingo de Orueta Aguirre (1833-1895), predestinado en su juventud a seguir los negocios familiares en Málaga, pero su gran afición por las ciencias naturales, el arte y la literatura hizo que pronto dejara estas actividades, para convertirse de forma autodidacta en un gran experto en la geología y entomología malagueñas. Fundador en 1872 de la Sociedad Malagueña de Ciencias, su amistad con el geólogo de origen gaditano José Macpherson (1839-1902), influyó grandemente en su personalidad científica, al que inició por otra parte en el uso del microscopio. A las excursiones geológicas que realizaban estos dos grandes amigos se sumaba uno de los hijos de Orueta: Domingo, quien pronto sintió esta gran afición a la geología y a la microscopía de la mano de su padre. Domingo Orueta Aguirre, gran científico, autodidacta, enérgico y parco en palabras, fallecería el 19 de Febrero de 1895, a los 61 años, dejando en su hijo Domingo la semilla de la ciencia, que germinaría de un modo extraordinario en él.

Domingo Orueta Duarte realiza en Málaga sus estudios primarios y los de Perito Químico, ampliando conocimientos en Inglaterra. Sin embargo, las inquietudes científicas de Domingo iban más allá, y en 1880 ingresa en la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid, realizando una brillante carrera que finaliza en 1885 con el número uno de su promoción. En los pasillos de la vieja Escuela de Minas coincidiría con alumnos de otras promociones (la suya fue la XLII) que más tarde serían prestigiosos ingenieros de minas, como Fernando Villasante, Ricardo Guardiola, Florentino Azpeitia o Eduardo Gullon, entre otros, teniendo como compañeros de promoción a Juan de Aubarede, Manuel Cortés, Luis Villate, Lorenzo Martínez, Gabriel Molina, Antonio Vargas, José Carbonell, Manuel Fernández, Máximo de Mozarena, Pedro López, Alberto San Román, Carmelo Salarnier y Ricardo Pina Figueroa. Como apuntan algunos de sus biógrafos, en los años posteriores, Domingo Orueta aunó las virtudes del innovador científico y del empresario audaz y de éxito. Alineado desde muy joven con la Institución Libre de Enseñanza, formaba parte de esa élite de científicos españoles, de finales del siglo XIX y principios del XX, que creyeron firmemente en los valores europeizantes de la ciencia y la técnica modernas.

Siendo aún estudiante, en diciembre de 1884, tuvieron lugar una serie de terremotos en Andalucía, que afectaron especialmente a Granada y Málaga. Orueta se encontraba pasando sus vacaciones invernales en la casa familiar malagueña y tuvo oportunidad de conocer directamente sobre el terreno los daños producidos por los seísmos. Con un permiso especial del Director de la Escuela de Minas, Orueta realizó un informe en el que destaca ya la relación de lo ocurrido con las características geológicas de la zona, muy poco conocidas en esos momentos. Este fue presentado en la Sociedad Malagueña de Ciencias y en la Sociedad Española de Historia Natural. También durante el curso 1884-1885, y fruto de su amistad con Macpherson, imparte clases de Geología y Laboreo de Minas en la Institución Libre de Enseñanza en Madrid. En su Boletín de esta, publica sus primeros trabajos científicos, resultado de sus observaciones con el microscopio, afición que hereda de su padre y en la que se convertiría en una autoridad en la materia, como veremos más tarde.

El 10 de enero de 1887 ingresa en el Cuerpo de Ingenieros de Minas, y realiza las prácticas preceptivas en la Ferrería Heredia de Málaga. En 1889 solicita licencia ilimitada en el servicio al Estado y, en fechas no determinadas, fija su residencia en Gijón y, emprendedor como era, en 1893 alquila la antigua fábrica de jabón del Llano y la transforma en taller de forja (Fábrica de Hierros Forjados y Estampados). Posteriormente la compró y la transformó en Fábrica Orueta, S.A. Uno de sus primeros encargos fue el suministro para las minas de Almadén (en aquel momento estatales) de los frascos de hierro para el transporte del mercurio, cosa que hizo durante siete años con un modelo patentado por él mismo. Dicha patente, la nº 14177, pronto alcanzaría éxito mundial por la calidad del producto, no tardando demasiado tiempo en conseguir el suministro a minas de Asturias, Granada e incluso Italia. 

Comienza igualmente a fabricar herramientas y diferentes elementos para las obras públicas, la minería y los ferrocarriles, ya con la fábrica en propiedad, con lo que alcanzó una prosperidad económica notable. Así, en 1899, solicitó patentar un procedimiento mecánico aplicado a la telegrafía sin hilos cuya finalidad estaba destinada a evitar los choques de trenes, además de permitir la comunicación entre dichos convoyes, en marcha. Los afamados Talleres Orueta llegaron a recibir, en Julio de 1909, a una ilustre visitante: la infanta Isabel, más conocida con el sobrenombre de “La Chata”, hija de Isabel II y princesa de Asturias. Nada más llegar a Gijón es nombrado también director de la Sociedad Fábrica de Mieres, empresa constituida en 1879 para la explotación de hulla y la producción de hierro, cuya actividad siderúrgica se extendió hasta la segunda mitad del siglo XX. A comienzos del curso de 1893 se incorpora como profesor de Geometría, Trigonometría y Topografía del primer año de carrera en la Escuela de Capataces de Minas de Mieres que, inaugurada en 1854, había sido promovida por otro eminente geólogo de origen alemán, Guillermo Schulz (1805-1877).

A la vez que se ocupaba de sus negocios y de la docencia en Mieres, Orueta continuaba con sus trabajos relacionados con la microscopía y con la microfotografía. En su casa de Gijón tenía instalado un laboratorio particular que, sin ánimo de lucro, había puesto a disposición de todo aquel que requiriera este tipo de servicios. De estas completísimas instalaciones dio rendida cuenta la Revista Minera, en su edición del 1 de Marzo de 1911; al detallado texto en el que se describían todas sus instalaciones acompañaban unas cuantas imágenes muy ilustrativas sobre la envergadura del laboratorio, que era realmente espectacular. Ocupaba tres estancias, a las que se sumaban dos más utilizadas como biblioteca, con más de 4000 volúmenes, y una tercera para manipulaciones fotográficas. No sólo disponía de los últimos modelos de microscopios, con una amplia serie de objetivos y lentes, sino que el equipo se completaba con todo tipo de aparatos auxiliares de iluminación, para dibujar (con cámara clara), para disección y para microfotografía. 

Colaboró con las mejores casas europeas de óptica, como las de Carl Zeiss y Glastechnische Laboratorium (Jena) ó Watson & Sons y R. & J. Bech (Londres), cediéndoles en algún caso las patentes de invención de nuevos sistemas ópticos,A modo de ejemplo, en 1892 construyó un "aparato para microfotografía instantánea", cuya patente de invención cedió a la casa Carl Zeiss. Al Glastechnische Laboratorium le cedió en 1897 el descubrimiento del "sistema y del aparato para la investigación óptica del espato flúor", cuyo fin era determinar si los cristales eran o no aplicables a la construcción del lentes. Con la casa Carl Zeiss colaboró en el diseño de un aparato para luz ultravioleta que se empleó en microscopía y que Orueta instaló en su laboratorio particular. Además de ello, la mayor parte de sus trabajos sobre óptica precisaban de una montura de microscopio capaz de albergar diferentes objetivos, oculares, condensadores y demás elementos ópticos que no existían en el mercado. Es por ello que Orueta proyectó una nueva montura que satisfacía plenamente sus necesidades, y que fue construida en los famosos laboratorios del ingeniero Leonardo Torres Quevedo. En reconocimiento a toda su obra, y en especial a aquella relativa a la óptica industrial, la Universidad de Jena le nombró Doctor Honoris Causa en 1925.

El fruto de sus investigaciones en este campo lo plasmó en una importante monografía sobre la microscopía (“Microscopía. La teoría y manejo del microscopio”, 1923). La obra, publicada por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en 2 volúmenes, con más de 1.000 páginas, fue considerada en su tiempo como el mejor trabajo publicado hasta entonces en todo el mundo. El prólogo corrió a cargo de Santiago Ramón y Cajal, quien reconocía en él la inmensa valía que para el mundo científico suponía tal publicación. En dicha obra Orueta recoge todo el conocimiento que había reunido en relación con el tema, habiendo realizado además importantes aportaciones a la óptica industrial, mejorando o inventando nuevos sistemas. 

Cajal, amigo personal de Domingo, fue uno de los mayores beneficiarios de los conocimientos que sobre microscopios tenía Orueta, con quien compartía, además, la afición por la fotografía. Este laboratorio lo trasladó a su casa de Madrid en 1915 cuando se incorporó a sus tareas como vocal del Instituto Geológico de España. Desde 1888 era socio de la American Microscopical Society y de la United States Optical Society. También era socio de la Royal Microscopical Society de Londres. En esta última presentó su nuevo aparato para microfotografía con el microscopio colocado en cualquier posición, y especialmente en posición inclinada.

No sólo realizaba las fotografías de sus preparaciones petrográficas, sino que también colaboraba con otros investigadores en campos muy diferentes al suyo, experimentando nuevos métodos de tinción y de fotografía. Luis Simarro fue un usuario asiduo de las instalaciones de Orueta. Con los planos proporcionados por Orueta, Simarro mandó construir un banco óptico de luz monocromática, que se conserva actualmente en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid.

En relación a su actividad docente, en 1897 pasa a impartir la asignatura de Electrotecnia, cuya docencia continúa hasta que en 1913 solicita una licencia para llevar a cabo una de sus grandes obras: el estudio geológico de la serranía de Ronda (Málaga), con el apoyo de D Luis Adaro y Magro (1849-1915), amigo personal de Orueta y por aquel entonces director del Instituto Geológico y Minero de España. En dicha solicitud de licencia, Orueta se comprometía a hacerse cargo de todos los gastos ocasionados por el profesor que le sustituyera, para no causar quebranto económico alguno a la administración, lo que da una idea de su carácter altruista. Entre tanto, la Fábrica Orueta de Gijón prosperó de tal forma, que proporcionó a su fundador la independencia económica necesaria para acometer todas aquellas investigaciones que tenía pendientes desde su juventud, como la que se acaba de citar. La prosperidad económica que se comentó anteriormente, y su deseo de retomar los estudios geológicos, hicieron que en 1915 se trasladase a vivir a Madrid, dejando la fábrica en manos de su hijo Manuel, también ingeniero de minas.

En el ámbito personal, el arte, la música y la literatura eran sus principales distracciones. Sus amplios conocimientos abarcaban casi todos los espectros del saber, con predominio del arte egipcio y la literatura. Dominaba cinco idiomas con gran facilidad, y como ejemplo de su pasión por la cultura egipcia, baste recordar la aventura que corrió por la tierra de los faraones en 1924, al incorporarse a una caravana nómada para poder constatar la existencia de una formación geológica en pleno desierto que él creía dudosa (¿Insaciable curiosidad científica o capricho de millonario?).

En su condición de miembro del Cuerpo de Ingenieros de Minas, el 15 de noviembre de 1915 es nombrado vocal del Instituto Geológico de España, cesando como profesor de la Escuela de Capataces de Mieres. Unos días antes, el 30 de octubre de 1915, presenta en el Instituto de Ingenieros Civiles, ante una audiencia muy selecta, el gran hallazgo realizado durante sus investigaciones en Ronda (en colaboración con Santiago Piña de Rubíes, del Instituto Nacional de Ciencias): el descubrimiento de platino en España. Haciendo gala de una gran generosidad, Orueta pone sus resultados a libre disposición del Estado, hecho que fue profusamente alabado y comentado en todas las esferas científicas y públicas del país. La noticia de este descubrimiento despertó el interés del Rey Alfonso XIII, quien encargó a Orueta un estudio detallado desde los puntos de vista económico y estratégico, pues además del platino existían indicios de cromo y níquel, utilizados en la fabricación de armamento y que España importaba de otros países. Para ello se incluyeron en los presupuestos del Ministerio de Fomento correspondientes a 1916 y 1917, respectivamente, la cantidad extraordinaria de 150.000 pesetas para hacer frente a las investigaciones. Igualmente, y por leyes de 8 de diciembre de 1916 y 16 de noviembre de 1917, el Estado se reservó los derechos de investigación y explotación hasta 1919. Entre finales de 1915 y 1918 Orueta llevó a cabo este encargo, estimando la existencia de 246.531 kg de platino en los ríos Verde y Guadaiza, cerca de San Pedro de Alcántara, en la provincia de Málaga. Además de ello, las cantidades de níquel y cromo prospectadas cubrirían con creces el abastecimiento de estas sustancias a las fábricas militares españolas. A pesar de los magníficos resultados de las investigaciones, el platino no se llegó a explotar nunca.

El estudio del platino fue llevado a cabo en campañas entre 1915 y 1919. Como oficina y alojamiento de los ingenieros se utilizó la casa de la fábrica La Concepción, situada en la margen derecha de río Verde. Orueta se instaló en la finca "El Cuscús", en el barrio de El ingenio de San Pedro Alcántara. De las numerosas vicisitudes de las campañas de exploración, las enormes dificultades técnicas del movimiento de la pesada maquinaria requerida en una comarca pésimamente comunicada, de lo lluvioso de aquellos inviernos, del carácter caudaloso de los ríos, y del desdén e indiferencia de sus paisanos malagueños, da fe el propio Orueta en correspondencia privada. Incluso queda constancia de una incursión política en el distrito de Coín de la que salió derrotado y dolido; “El distrito ha hablado mejor o peor pero ha hablado y dicho que quiere seguir con Ortega, Chinchilla y Compañía y no está por cambiar el régimen de caciquismo que en él impera. Decirte que me es indiferente este resultado sería engañarte. Me duele un tanto ver el poco caso que se hace de mí, de mi nombre y de mi obra en esta provincia y precisamente en el sitio de ella adonde más he hecho en estos últimos tiempos. Pero el efecto es moral, nada más que moral, y cuento tenerlo digerido dentro de pocos días”.

"El estudio geológico y petrográfico de la Serranía de Ronda", publicado por Orueta en 1917, es una de sus obras cumbre y a la que dedicó gran parte de su esfuerzo. En ella analizó las rocas hipogénicas de la Serranía de Ronda a través de un trabajo petrográfico exhaustivo que exigió la realización de 500 láminas delgadas. Estas fueron estudiadas con un método muy moderno para la época (microscopio binocular con luz reflejada), e ilustradas en parte mediante microfotografías en colores realizadas según una técnica suya, con empleo de placas autocromas. 

Orueta fue pionero en España en la realización de microfotografías directas con luz polarizada en secciones delgadas de rocas. A lo largo de sus casi 600 páginas, hace Orueta un pormenorizado estudio geológico de la zona, desechando algunas teorías científicas generalmente aceptadas sobre la naturaleza de las rocas, formulando nuevas hipótesis sobre su origen y detallando minuciosamente los trabajos petrográficos llevados a cabo para la determinación de las muestras, presentando además un profundo análisis sobre fenómenos del metamorfismo, orígenes, historia y teorías acerca del mismo. Este descomunal trabajo serviría de base para la excursión científica organizada con motivo del XIV Congreso Geológico Internacional que se celebraría en Mayo de 1926, del que Domingo de Orueta no podría disfrutar, al producirse su fallecimiento unos meses antes de su celebración.

Finalmente, cabe apuntar que Orueta, en compañía de Enrique Rubio, efectuó algunos sondeos buscando el origen de la scheelita encontrada por su padre, al deducir que aquellas scheelitas encontradas en Las Viñas en 1870 debían de proceder de algún cercano lugar, hallándolo en la ladera de un cerro cercano a Estepona, (el cerro del Lentisco), que más tarde sería demarcado como mina Conchita. El describió las mineralizaciones de scheelita como “unos depósitos en forma de cilindros terminados en punta por sus extremos y con diámetros que oscilan entre 0,4 y 0,6 metros; las paredes de estos tubos son de dolomía y están rellenos de arenas, serpentinas, scheelita, bismutita, bismuto nativo y otro mineral, desconocido, en trozos laminares brillantes”. Las muestras fueron enviadas a Santiago Piña de Rubiés para su análisis, quien determinó que el mineral desconocido era un sulfotelururo de bismuto, atribuyéndole la fórmula Bi8TeS4, y bautizándolo como Oruetita, en honor a su descubridor. Actualmente, la oruetita se considera como una mezcla de gruenlingita (joseita) y bismuto nativo, perdiendo por tanto la posibilidad de ser considerada como una nueva especie y quedando definitivamente renombrada como joseíta.

Domingo de Orueta llegó a alcanzar en vida un alto grado de reconocimiento por el conjunto de sus investigaciones, tanto académico como profesional. En 1916 es nombrado socio honorario de la Sociedad Malagueña de Ciencias; en 1918 le eligieron Presidente de la Sociedad Española de Física y Química, y en 1923 pasa a ser nuevo Presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Ese mismo año ingresa en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, con un discurso sobre "la historia del microscopio y su aplicación en las Ciencias Naturales". En 1922 fue nombrado subdirector del Instituto Geológico de España, siendo ascendido al cargo de director en marzo de 1925. Con antelación a dicho nombramiento, en 1923, fue elegido como Inspector General, asumiendo también el cargo de vocal en el Consejo de Minería. Un año más tarde, en 1924, es nombrado vicepresidente de la Asociación de Ingenieros de Minas, organismo del que era ya vocal desde 1918.

La saga Orueta continúa hasta nuestro días con descendientes Ingenieros de Minas: Jorge Juan y José Manuel Orueta González, biznietos de Domingo Orueta Duarte, estudiaron en la ETS de Ingenieros de Minas de Oviedo (promociones de 1977 y 1978, respectivamente). El primero de ellos es un contrastado especialista en mineralogía.

De las muchas notas necrológicas publicadas a su fallecimiento, se presenta aquí la aparecida en la Revista de Obras Públicas, que bien resume lo que fue y representó Domingo de Orueta en el panorama científico español: “Hombre de tan alta talla intelectual, de voluntad tan firme y bien templada, de virtudes cívicas tan ejemplares y de méritos científicos y profesionales tan reconocidos y comprobados, enaltece la Patria y la profesión a la que perteneció”

FUENTES: 
Wikipedia; http://www.madrimasd.org/cienciaysociedad/patrimonio/personajes
Sanchís, J.M., 2011. Domingo de Orueta y Duarte. Hastial, Revista digital de patrimonio minero ibérico. Ed. MTI, V1: 1-33.

Rábano, I., Baeza, E., Lozano, R.P. y Carroza, J.A. 2007. 

Microfotografías de Domingo de Orueta y Duarte (1862-1926) en los fondos históricos del Museo Geominero (Instituto Geológico y Minero de España, Madrid). Boletín Geológico y Minero, 118 (4), 827-846.

Rábano, I. 2008. Domingo de Orueta y Duarte (1862-1926) y la investigación del Platino en España. Boletín Geológico y Minero, 119 (4): 473-494.