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Ingenieros ilustres

Jerónimo Ibrán y Mulá

24/02/2014

 D. Jerónimo Ibrán y Mulá, nació en Mataró el 29 de noviembre de 1842 y murió en Oviedo en 1910. Cursó los estudios secundarios en Gerona y los de ingeniero de minas en la Escuela de Madrid. Hizo prácticas como ingeniero en Almadén en 1863 y después de ingresar como ingeniero del Estado, fue destinado al distrito minero de Oviedo en 1864, con 21 años de edad. 

En Asturias, permanece cuatro años, al cabo de los cuales pasa de profesor de Metalurgia a la Escuela de Minas de Madrid y al poco publica un interesante libro con el título de Álbum de Metalurgia. En la misma escuela explica también la asignatura de Construcción. En 1873 renuncia a la docencia y se traslada nuevamente a Asturias.

En Asturias fue el alma de la Fábrica de Mieres, de Duro Felguera, de la Compañía de los Ferrocarriles Económicos de Asturias y gran maestro de los ingenieros que promovieron la industrialización asturiana. Él mismo, fue un gran impulsor del desarrollo industrial de Asturias, ya que sin él la industrialización asturiana -sobre todo en la Cuenca del Caudal- hubiese sido mucho más lenta. Él fue una pieza fundamental dentro de este proceso y, a pesar de que nació en Mataró, su nombre debe figurar en el Panteón de asturianos ilustres.

La Compañía de los Ferrocarriles Económicos de Asturias fue la primera sociedad de ancho métrico instalada en Asturias. Su red servía de vertebración a los concejos del este de la región, con una línea, inaugurada por tramos, entre la estación de Oviedo-Económicos y la localidad de Llanes. Desempeñó la dirección de la Compañía hasta su muerte. También estuvo desde el principio en los proyectos del tranvía de Arriondas a Covadonga.

La constitución oficial de la compañía tuvo lugar el 28 de junio de 1887. El capital social fue de 4400 acciones de 500 pesetas. Esta sociedad fue una creación de la burguesía regional: banqueros de Oviedo (José Antonio Caicoya) o de Infiesto, propietarios de minas, indianos o políticos de alto nivel (Alejandro Mon).

El primer tramo de Oviedo a Infiesto fue estudiado por Jerónimo Ibran y el proyecto fue presentado ante el Ministerio de Fomento en febrero de 1888. La ley de concesión se promulgo el 4 de mayo de 1888 y la concesión definitiva se efectuó el 26 de julio por 99 años. Las obras se adjudicaron al ingeniero de caminos José de Villanova y Campos.

Jerónimo Ibrán fue el verdadero impulsor de la nueva sociedad industrial Fábrica de Mieres, después de que el capitalista francés Numa Guilhou la comprara en 1861, en plena crisis, al grupo del duque de Riánsares. Guilhou le confió la dirección técnica y administrativa de la Fábrica, que no tardó en convertirse en una gran factoría con los últimos adelantos de aquel tiempo. Entre otros importantes talleres, montó uno de construcciones metálicas con aplicación a puentes y vigas armadas, que fue el primero en España que realizó trabajos de esta clase en gran escala. 

Promovió su modernización y su especialización y, entre otros logros, fue capaz de idear un sistema para alimentar con sendos gasógenos los dos grandes hornos Siemens con los que el acero vino a sustituir al hierro.

Después de levantar esta gran iniciativa empresarial de la mano de Guilhou y de consolidarla luego con la participación de la familia Pidal, Jerónimo Ibrán fue nombrado director de la Escuela de Capataces de Minas, que desde julio de 1874 había vuelto a radicar en Mieres. A sus gestiones se debió el que por Real Orden de julio de 1881 se crease la especialidad de Capataces de Minas, Hornos y Máquinas y la Escuela adquiriera una vitalidad extraordinaria, formando técnicos y profesionales que debían garantizar la buena marcha industrial del Principado. 

Jerónimo Ibrán dirigió la Escuela de Capataces de Mieres desde 1882 hasta 1904. Suyo es el proyecto de construcción del edificio de la calle Manuel Llaneza de Mieres en el que se ubicó la escuela y que hoy es la Casa de la Cultura. 

Jerónimo Ibrán participaría junto a sus compatriotras, de origen catalán, los Masaveu, en el lanzamiento de la nueva actividad cementera en Tudela Veguín; se incorporaría de la mano de su aventajado discípulo Luis Adaro en el consejo de administración de Duro Felguera; entraría junto con los Tartiere y los Bertrand en la Sociedad Industrial Santa Bárbara y en la fábrica La Amistad; promovería con los Alvaré de Avilés y el marqués de Canillejas la gran Azucarera de Lieres, y aún tendría tiempo de ser diputado provincial por espacio de 10 años desde 1883, desempeñando la vicepresidencia de la Diputación desde 1886 a 1890. 

En 1890 formó parte de la comisión ovetense que acudió a la asamblea convocada en Zaragoza por Joaquín Costa, de la cual nacieron las Cámaras Oficiales de Comercio, siendo presidente de la de Oviedo desde 1898 hasta 1900.

Figuró con gran autoridad en los consejos de administración de Duro-Felguera, Ferrocarril de Langreo, Minas del Aramo, Tudela Veguín, La Industrial de Ventanielles, el Puerto de Avilés, la Fábrica La Amistad, la Azucarera y Destilerías de Lieres, Cervezas El Águila Negra de Colloto, Tornillera de Ventanielles y otras sociedades.

En 1902 publicó dos nuevas e importantes obras tituladas Metalurgia General y Cálculo de Puentes metálicos. Ascendido ya a inspector general del cuerpo de minas, solicitó en 1905 la jubilación en el servicio oficial, pero continuó activamente en los múltiples trabajos privados que tenía encomendados, hasta su muerte.

Se cuenta de él que a pesar de haber sido Vicepresidente de la Diputación Provincial e Inspector General del Cuerpo desde 1905 no aceptaba más título que el de ingeniero y la prueba de su entrega es la manera en que escribió el libro citado, «Cálculo de puentes metálicos», en 1902, mientras se reponía de una enfermedad que le impedía trabajar de otra forma.

Existe un libro de título “Jerónimo Ibrán y Mulá (1842-1910): un modelo de Ingeniero de Minas promotor de la primera revolución industrial en España”, del que es autor Ramón Mañana Vázquez (Ingeniero de Minas, Catedrático de Electrotecnia en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de la Universidad Politécnica de Madrid), publicado por la Fundación Gómez Pardo, en Madrid, 2006.

El libro de Ramón Mañana tiene el notable mérito de recuperar buena parte de la memoria industrial de esta región y en concreto la magna obra de Jerónimo Ibrán, que levantando fábricas, explotando minas, fundando sociedades, promoviendo sociedades y protegiendo los intereses económicos de Asturias, fue a lo largo de cerca de medio siglo uno de los más grandes ingenieros y empresarios de la Asturias industrial.

Por su legado al desarrollo industrial de la región, los Ayuntamientos de Mieres y Oviedo le han dedicado sendas calles en sus ciudades.

Sus discípulos, ingenieros de la Escuela de Madrid y capataces de la de Mieres -ex alumnos respectivamente de las dos escuelas que él había impulsado-, decidieron promover un monumento del que se debían fabricar dos copias gemelas para ser colocadas en lugares preferentes de ambas instituciones. A la iniciativa se sumaron también otros técnicos que habían compartido empresas con él o admiraban de sus realizaciones, y con todos se organizaron dos comisiones encargadas de recaudar los fondos necesarios tanto en la capital como en Asturias.

En enero de 1912 se pudo cerrar la colecta gracias a la aportación del Ayuntamiento de Mieres, que dio 50 duros y a otras cantidades estimables que fueron donando industriales y empresarios mineros como don Luís Adaro y los amigos del homenajeado, el notario Justo Vigil y el abogado Vital Álvarez-Buylla, pero también hubo muchos trabajadores anónimos que entregaron pequeñas cantidades, más que nada para mostrar su respeto por aquel ingeniero cercano a sus inquietudes, de manera que al final la cifra recaudada se cerró en: 11184,40 pesetas.

Solucionada la cuestión económica, quedaba pendiente la elección del artista que debía encargarse del proyecto. Se barajaron dos candidatos y finalmente el elegido fue Sebastián Miranda, un escultor ovetense nacido en 1885. En marzo de 1912 la prestigiosa fundición de Codina y Campins ya trabajaba sobre el encargo mientras se encargaban a la vez dos bases pétreas de base cuadrada y una altura de metro y 58 centímetros. 

Actualmente no se conserva íntegra ninguna de las dos réplicas del monumento a Jerónimo Ibrán, sólo dos de los relieves que lo integraban y también los bustos. El de Mieres en la actualidad está en la planta baja del edificio del Campus.

Fuentes: elblogdeacebedo, La Nueva España, ferropedia.es