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Ingenieros ilustres

Lorenzo Gómez-Pardo y Ensenyat

24/02/2014

 Lorenzo Gómez-Pardo y Ensenyat nació en la parroquia de San Andrés de Madrid el 3 de enero de 1801 y falleció en esa misma localidad en 1847, a la edad de 46 años. Ingeniero de minas y farmacéutico, fue el primer profesor de Metalurgia y Docimacia en la Escuela de Minas de Madrid y uno de los "padres" de dicha Escuela.

Su familia dedicada a la joyería-platería tenía tienda y taller en los aledaños de la calle Mayor. El negocio no podía estar ubicado en otro sitio, ya que dicha vía y la zona de la Puerta del Sol eran los lugares propios del asentamiento de gremio de joyeros (uno de los cinco gremios de Madrid). Este entorno familiar orientará en cierta forma su vida. Por un lado, en el taller se realizaban ensayos y quilataciones, se aleaban metales, se soldaban piezas, así como también se observaban y determinaban las propiedades de los minerales tipo gemas, por eso tal vez aquí naciese la vocación metalúrgica y mineralógica de Gómez-Pardo. Por otro lado, se compraban y vendían monedas antiguas de oro y plata, lo que le Ilevo a aficionarse por las antigüedades, siendo miembro de la Sociedad Numismática Matritense.

Concluida la primera enseñanza, estudió matemáticas en la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, Física Experimental en los Reales Estudios con D. José Alonso y Quintanilla y en el Real Estudio Físico-Químico (con sede en el Palacio Real), con D. Juan Mieg. Entre 1819 y 1823 siguió cursos de mineralogía con Donato García, de botánica con Mariano Lagasca y de química con Andrés Alcón en el Museo de Ciencias Naturales. 

Sus ideas liberales le llevaron a la milicia nacional desde 1820 a 1823 y fue herido en Cádiz en este último año. El uno de enero de 1820 se produce el levantamiento de Riego, en Cabezas de San Juan. El 27 de enero, el general y su tropa iniciarían una marcha por toda Andalucía que durará hasta finales de marzo. La primera ciudad que se suma a este movimiento liberal fue La Coruña, el 21 de febrero, luego tal situación iría sucediendo en otros municipios. Casiano de Prado, Ramón Rua y otros ilustres ingenieros de minas, también participaron en este movimiento democrático.

En julio de 1822 se desató un movimiento contrarrevolucionario (anticipado al 30 de mayo, en Aranjuez), ya que la noche del 6 al 7 de dicho mes, los batallones del Pardo asaltaron Madrid. Según Emiliano Fernández et al. (1980): “... Madrid, capital de la nación, es el punto neurálgico”. La milicia nacional y partidas de patriotas, organizadas en guerrillas urbanas, salieron al paso de los insurrectos, venciendo. Gómez-Pardo sería condecorado como benemérito a la patria, por su actuación en la Plaza Mayor.

Asistió a un nuevo curso de mineralogía en Madrid y se trasladó después a París para estudiar botánica, mineralogía y otras disciplinas. Concluyó sus estudios de farmacia en Madrid obteniendo la Licenciatura el 30 de agosto de 1828. 

El Director General de Minas D. Fausto de Elhúyar, que acariciaba el proyecto de trasladar a la corte la Escuela especial de Minas de Almadén y para ello requería un profesorado renovado y competente, el 8 de agosto de 1828, debido al brillante expediente de Gómez-Pardo, le propuso que pasase a estudiar la carrera de ingeniero de minas en la Academia de Minas de Freiberg (Sajonia, Alemania), acompañado por otro joven notable, Isidro Sáinz de Baranda y que al propio tiempo estudiarán las condiciones de las explotaciones mineras alemanas. El Rey de Sajonia dio orden de su admisión en la Academia, el 10 de diciembre de ese mismo año. Lorenzo fue el alumno n° 1201 e Isidro el n° 1202, del año 1829. Se certifican estos estudios, firmados por el barón de Herder, N. Bulau y Signitz, con fecha 19 de septiembre de 1831: “con extraordinaria aplicación y muy buen éxito”.

Mientras Gómez-Pardo estaba en Freiberg, el Ministro Calomarde dispuso el cierre de las Universidades españolas, nido de liberales, y así permanecieron por espacio de dos años. Pese a que Gómez-Pardo termina la carrera en 1831, no retornaría a España hasta principios de 1834.

Su estancia en Sajonia fue aprovechada para que, por encargo de la Dirección General, comprase materiales científicos e hiciese acopio de material pedagógico (dibujos y modelos de máquinas y hornos, así como de aparatos y libros, etc.) destinados a organizar la docencia minera en España en las nuevas instalaciones de Madrid. Una de sus principales tareas fue la de adquirir, en compañía de Isidro Sáinz de Baranda y en algún caso también de Joaquín Ezquerra (pensionado al año siguiente, junto a Felipe Bauza), muestrarios mineralógicos. 

Gómez-Pardo participo de manera activa en la fundación de la Escuela Especial de Ingenieros de Minas de Madrid. Así, el 4 de diciembre de 1834 se formó una Comisión para informar de la ubicación y organización de la Escuela de Minas. Estaba constituida por: D. Jacobo María de Parga, Prócer del Reino (Presidente), D. Vicente González Arnao, del Consejo Real, D. Rafael Cabanillas, Inspector General Primero, D. Estanislao Peñafiel, Director General del ramo, D. Juan Montoto, Contador de la Dirección General, así como D. Guillermo Schulz y D. Lorenzo Gómez-Pardo, Inspectores de Distrito. 

Como consecuencia de las conclusiones de este grupo de trabajo el R.D. de 23 de abril de 1835 ordena que se establezca en Madrid la Escuela de Ingenieros de Minas, en la misma casa que ocupaba la Dirección General. Según José Meseguer, esta se había desplazado: «en 1830, al cuarto segundo del número 1 de la calle Florín. El traslado de la Escuela obligó a arrendar la planta baja y toda la principal del edificio que forma manzana entre la calle de San Jerónimo, calles del Florín, el Sordo (hoy Zorrilla) y el Turco (en nuestros días Marqués de Cubas), el cual era propiedad del Duque de San Pedro»

Por R. D. de 3 de mayo de 1835, a propuesta de la Dirección General, se nombra a Lorenzo Gómez-Pardo profesor de Docimasia y Metalurgia de la nueva Escuela. También fueron nombrados Profesores del resto de materias D. Rafael Amar de la Torre y D. Joaquín Ezquerra del Bayo. Gómez-Pardo iba logrando sus objetivos, según Eugenio Maffei (1877): «A este distinguido ingeniero, que desde su vuelta a España tornó una parte activísima en la organización del ramo de minas, se deben indudablemente, las disposiciones propuestas por la Dirección General y adoptadas por el Gobierno, respecto a la Escuela de Minas».

Ese liderazgo asumido por Gómez-Pardo en la creación de la Escuela y reorganización del Cuerpo de Minas, se refleja en la R.O. de 21 de junio de 1835, que le conmina a que formase presupuesto y dirigiese las obras del nuevo laboratorio de Química. Se iniciaron las clases el 7 de enero de 1836. Presidió la apertura del curso el Secretario de Estado, Martín de los Heros, impartiendo el discurso magistral Gómez-Pardo, donde expuso sus vastos conocimientos de historia minera, así como las claras ideas que tenía sobre el futuro de la profesión. También manifestó su postura política: “La escuela de Minas, creada en Madrid por la ilustrada munificencia de un Gobierno liberal y reparador, en medio de las más violentas convulsiones políticas y apuradas circunstancias de la nación... Nacida en el medio del aura purísima y vivífica de la libertad; apadrinada por un Gobierno cuya constante orden del día son los progresos... “.

Por R.O. de 14 de abril de 1836, se publica el Reglamento y organización del Cuerpo de Ingenieros de Minas. En el Artículo 1° se indica su composición: Un Director General, un Inspector General, un Subinspector, tres Ingenieros Primeros, ocho Ingenieros Segundos, cuatro Ayudantes Primeros, cinco Ayudantes Segundos y tres Aspirantes.

En el Artículo 5° se señala que los Ingenieros Primeros y Segundos ocuparan, entre otros destinos, los de Profesor de las Cátedras establecidas en la Corte en la Escuela Especial del ramo. De esta forma Gómez-Pardo pasa a ser Ingeniero Segundo, siendo nombrado Ingeniero Primero al poco tiempo, en concreto el 10 de agosto de 1838.

Con la muerte de Fernando VII se vuelve a formar la Milicia Nacional y tenemos a Gómez-Pardo de teniente, así como de Vocal del Consejo de Disciplina. En 1838, sería elegido Diputado por Madrid, siendo miembro del Consejo de Instrucción Primaria. Fue condecorado con la cruz del pronunciamiento de septiembre de 1840 y con la del 7 de octubre de 1841. Reelegido Diputado a las Cortes por el Partido Progresista, en la circunscripción de Madrid, renuncia a favor de D. Juan Álvarez Mendizabal que se había quedado sin distrito.

Desde su partido, logró la reforma del Cuerpo de Minas (R.D. de 24 de enero de 1841) quedando Gómez-Pardo de Subinspector General, Vocal del Tribunal Especial de Minería y Vocal de la Dirección General (que se había vuelto colectiva). Ya sólo tenía por encima al Inspector General D. Fernando Caravantes y no de forma muy efectiva. Por R.D. de 29 de diciembre de 1841, se le asciende a Inspector General Primero del Cuerpo. Como vemos una carrera fulgurante, en ocho años se recorre todo el escalafón. Esto le crearía algunos enemigos.

En 1843, las Cortes proclaman la mayoría de edad de Isabel II, siendo sancionada una Constitución conservadora. Este cambio político trajo, por R.D. de 27 de diciembre, la supresión de la Junta Directiva Colegiada del Cuerpo de Minas; ocupando de nuevo la Dirección General D. Rafael Cavanillas, con poderes personales. Aunque, el 8 de enero de 1844, Gómez-Pardo fue confirmado en el cargo de Vocal del Tribunal Superior de Minería, se le cesó de forma definitiva en el Cuerpo el 28 de febrero. Parece ser que no tenía cabida en el organigrama de los moderados, que gobernarían España de 1844 a 1854. Para Maffei, E. Y Rua, R. (1871): “Triste ejemplo de las consecuencias que produce la política personal, que esteriliza todo cuanto toca”.

En 1841, Lorenzo impartía clases en la Escuela Especial de Minas de: 1) Preparación mecánica de las minas y Metalurgia general. 2) Metalurgia especial y docimásica. 3) Ensayos docimásicos en laboratorio. Por R.O. de 14 de enero de 1844, se crea en la Escuela una Cátedra de Química General y Docimásica, concediendo su desempeño a D. Luis de la Escosura. Asimismo se nombrá a D. Fernando Cutoli “...profesor de la Escuela en el curso 1841 a 42, en reemplazo de D. Lorenzo Gómez-Pardo... “.

Dice el refrán que las desgracias nunca aparecen solas; a finales de 1843 o principios de 1844, se produjo un voraz incendio en la Escuela de Minas, que se inició por la estructura de madera que sostenía al tejado. Quienes sufrieron peores consecuencias fueron Salustiano Olozaga y Gómez Pardo que residían en los pisos de la segunda planta, pese a los intentos de los alumnos por sofocar las llamas. Parece ser que el fuego afectó a la magnífica biblioteca y también a la colección mineralógica de Gómez-Pardo.

En la relación de individuos que componen el Cuerpo Facultativo de Ingenieros de Minas, a 10 de enero de 1845, publicada en el Tomo III de los Anales de Minas (página 447) no aparece Gómez- Pardo. Despojado de sus cargos en la función pública, pasa al ejercicio libre de la profesión. Al año siguiente, le vemos firmando con D. Casiano de Prado, una Memoria de la Junta Gubernativa y Dirección de la Sociedad Palentino-Leonesa. En dicho informe Gómez-Pardo comenta un estudio de D. Felipe Paret para instalar una ferrería a la inglesa en Sabero. En 1840, los británicos habían iniciado la minería de esta cuenca. El industrial D. Miguel Iglesias Batías obtuvo allí, en 1841, la concesión de cuatro minas de carbón (Sucesiva, Escondida, Abundante y Juanita), a éstas habría que unir una explotación de hierro (Imponderable), formándose la Sociedad Palentina de Minas. En 1845, al ampliarse el capital (por falta de liquidez) y entrar nuevos socios, pasó a denominarse Sociedad Palentino- Leonesa. ¿Le echó un cable, a Gómez-Pardo para este trabajo, el ingeniero de minas D. Casiano de Prado, que también era liberal como él? Todo es posible.

Gómez-Pardo fallecería al año siguiente, en concreto el 30 de junio de 1847 a la edad de 46 años, poco después de ser elegido miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. De esta suerte, su obra escrita es prácticamente nula y su importancia debe reconocerse en su labor de adelantado de la docencia y en las reformas técnico-administrativas que acometió. Según sus biógrafos Gómez-Pardo estaba preparando unos Apuntes de Metalurgia, tal vez para publicar en el Tomo I de las Memorias de la Real Academia (1850), igual que hicieron otros ingenieros de minas de la Real Academia, tal, es el caso de D. Rafael Amar de la Torre o D. Joaquín Ezquerra del Bayo.

Su hermano, D. José Gómez-Pardo, que falleció el 30 de agosto de 1873, fue el encargado de donar todo su legado a la Escuela de Minas de Madrid, cumpliendo así el deseo de Lorenzo. Dispuso en su testamento que todos los objetos de Lorenzo: biblioteca, papeles, aparatos, colección de minerales, etc., pasasen a la Escuela Especial de Minas, legando asimismo la cuantiosa cifra de 125.000 pesetas de la época, para que con sus réditos se concediesen premios a trabajos encaminados a promover el adelanto de la Minería española y para establecer un laboratorio en el que se ensayasen minerales procedentes de nuestras minas, gratuitamente, así como se diesen premios a los alumnos más brillantes de la Escuela. Este testamento se conserva en la Secretaría de la Fundación de su nombre. 

El entonces director de la Escuela, Don Anselmo Sanchez Tirado, una vez tomada posesión de la cantidad y de los objetos, reunió a la Junta de Escuela aprobándose el Reglamento por el que había de regirse la Fundación Gómez Pardo en su memoria

Esta donación ha sido la más importante hecha a la Escuela en su devenir histórico, dando soberbios frutos. Según Enrique María Repullés (1897): “Con las expresadas 125.000 pesetas se compraron 65 acciones del Banco de España, y cuando este Establecimiento de crédito aumentó el número de acciones correspondió una de las nuevas por cada cuatro de las antiguas, que se dieron a 110 por 100, y, por tanto, el legado Gómez-Pardo se vio incrementado en 41 acciones; y como algún tiempo después éstas se vendieron a 300 por 100, resultó un beneficio de consideración, con el cual y con los intereses pudo construirse el edificio, sin que el primitivo capital sufriera ninguna merma”.

Finalizamos estos apuntes con una frase de Maffei, E. y Rua de Figueroa, R. (1871), los cuales indican que Gómez-Pardo: «...puede colocarse al lado de los hombres que más han honrado a España en la primera mitad de este siglo; de los que más han contribuido al renacimiento de nuestra minería y de los que cooperaron en primera línea a la organización científico administrativa de esta industria».

Se ha publicado un libro titulado “Lorenzo Gómez-Pardo y Ensenyat. Correspondencia epistolar de Felipe Bauzá, Policarpo Cía y Casiano de Prado (1839 – 1845)”, escrito por Beatriz Vitar. Esta misma escritora también ha escrito el libro: “Pasion cientifica de un liberal romantico: Lorenzo Gomez-Pardo y Ensenyat 1801-1847.

Fuentes: mcnbiografias.com; Primer centenario del fallecimiento del ilustre ingeniero de minas y farmacéutico don Lorenzo Gómez-Pardo. Anales de la Real Academia de Farmacia, 14 (1948), 451-454. M. Langreo; Apuntes biográficos de D. Lorenzo Gómez-Pardo (1801-1847) Octavio Puche Riart (1999).