Inicio » La Escuela » Ingenieros ilustres

Ingenieros ilustres

Lucas Mallada y Pueyo

24/02/2014

 Lucas Mallada y Pueyo, ingeniero de minas y escritor. Nació en Huesca el 18 de octubre de 1841 y murió en Madrid el 6 de febrero de 1921 a los 79 años de edad. Autor del primer compendio de las especies fósiles españolas, obra fundamental de las investigaciones paleontológicas en España. Fue además uno de los pioneros de la Geología, siendo un investigador clave en la confección del primer Mapa Geológico de España. La labor desarrollada por Lucas Mallada en el Cuerpo de Ingenieros de Minas y en el Instituto Geológico y Minero de España ha sido considerada como gigantesca. Perteneció al movimiento regeneracionista que culminó en la Generación del 98. Fue amigo de Serafín Baroja, también ingeniero de minas y padre de Pío Baroja, en el que ejerce una gran influencia.

Su casa natal estaba en la calle de San Orencio y su padre don Manuel Mallada funcionario de la Diputación Provincial de Huesca, procuró para su único hijo una educación esmerada. Hacia 1848, cuando Lucas contaba siete años de edad, decidió trasladarse a Zaragoza en busca de nuevos horizontes profesionales. En 1859 (el año en que Darwin publicaba su Origen de las Especies) la familia se traslada a Madrid, donde su padre había logrado una plaza de maestro. Estos cambios de domicilio hicieron que el joven Lucas iniciase el bachillerato en Zaragoza y lo finalizase en Madrid en junio del año 1860. Este mismo año ingresa en la Escuela de Ingenieros de Minas y en 1866 recibe su título, cuando contaba 24 años de edad. Su expediente académico, que se conserva en los archivos, muestra que no era un alumno excesivamente brillante: en su promoción, compuesta por diez estudiantes, ocupaba el penúltimo lugar si nos atenemos a las calificaciones.

Con veinticinco años de edad (1866), al finalizar la carrera, se le otorga el nombramiento -dentro de la Administración- de Ingeniero Segundo con destino en las minas de Almadén (en situación de "Ingeniero en prácticas"), donde despertó con fuerza su talento para "leer" las rocas. Tras unos meses de permanencia en Almadén fue trasladado (1867) al Distrito Minero de Oviedo, permaneciendo en dicho destino durante un periodo de poco más de dos años, durante el cual inspeccionó las minas carboníferas de la región asturiana. 

En su etapa asturiana como Ingeniero Segundo al servicio del Estado fue nombrado profesor de la Escuela de Capataces de Minas de Sama de Langreo (1869), consiguiendo después el traslado a su tierra aragonesa, para prestar servicio en el Distrito Minero de Teruel, en el mismo año de 1869, donde pasó un año recorriendo las sierras de Teruel en busca de nuevas minas y evaluando las ya abiertas.

Pese a encontrarse ya en su querido Aragón, su permanencia allí es solamente de algunos meses, ya que en 1870 es destinado a Madrid, quedando adscrito a la Comisión del Mapa Geológico de España'', organismo que tuvo como misión la confección del mapa geológico del territorio español, que fue comenzada Joaquín Ezquerra del Bayo en 1850. Esta institución lleva una vida lánguida, carcomida por sus escasos recursos económicos y una burocracia estéril. Mallada deja transcurrir los dos años siguientes enterándose de qué va.

Pero en 1872 su gran amigo y maestro Manuel Fernández de Castro es designado director de la Comisión del Mapa Geológico de España (germen de lo que hoy es el Instituto Geológico y Minero de España). Este hecho significa un cambio trascendental para Mallada. Despierta de repente. Aparecen sus grandes cualidades, hasta entonces ocultas: lúcida inteligencia, laboriosidad infatigable, agudeza en observaciones y un afán desmedido en arreglar los grandes problemas de su país. Nada menos.

Para realizar esta tarea recorre España de punta a cabo y en su empeño por estudiar y cartografiar minuciosamente las características geológicas más relevantes, fue descubriendo de paso, la pobreza y el analfabetismo del mundo rural, realidades que le impresionan profundamente. Esta realidad le impactó de tal manera, que dedicó después una parte de su vida a describirla y a proponer soluciones.

Entre Fernández de Castro y Mallada ponen de pie a la Comisión. Se inician los reconocimientos en provincias, uno tras otro. Mallada se luce con sus publicaciones. Para él es muy querida la «Descripción física y geológica de la provincia de Huesca». Se vuelca en esa Memoria. Etapa fecundísima de la Comisión es la que transcurre entre 1880 y 1890. En ella, Mallada da la plena medida de sus posibilidades. Con un increíble despliegue de energía y de capacidad, logra situarse a la cabeza de los ingenieros de minas españoles. 

En tiempos de gran agitación política y social (exilio de Isabel II, reinado de Amadeo de Saboya y restauración de la monarquía borbónica con Alfonso XII ) recorre España confeccionando minuciosamente los mapas geológicos y anotando con gran sentido su pesar ante la pobreza de pueblos y campos. Como resultado de estos años de trabajo de campo y laboratorio publica ocho gruesos volúmenes de Memorias Geológicas con un total de 5654 páginas relativas a las provincias de Cáceres, Huesca, Córdoba, Jaén, Navarra, Tarragona, León y Teruel. La síntesis de todos estos trabajos da lugar a la obra monumental de su vida, «Explicación del Mapa Geológico de España», que publica entre 1895 y 1911. Consta de siete grandes volúmenes, que suman 3740 páginas. Es una labor ímproba, penosa e ingrata. Admira la obra más que por su extensión, por la riqueza de contenido. 

Preocupado por el escaso conocimiento paleontológico de sus colegas del Mapa Geológico inició en 1875 la recopilación de datos para la publicación de lo que sería la “Sinopsis de las especies fósiles que se han encontrado en España”. Fruto del tesón de su trabajo, el material fue publicándose en el Boletín Geológico y Minero entre los tomos II y XVII (entre 1875 y 1891). Simultáneamente se publicaron en volúmenes aparte: Terreno Paleozoico (1878), Sistemas Triásico y Jurásico (1885) y Sistema Cretácico inferior (1887). Contienen una ingente cantidad de información dispersa entonces en la bibliografía de final de siglo. Se describen en la Sinopsis unos mil quinientos fósiles que se ilustran a lo largo de cerca de doscientas láminas. Es una obra fundamental, que marca el punto de partida de las investigaciones paleontológicas en España. Tuvo como discípulo al gran naturalista Florentino Azpeitia y Moros. 

Sin embargo, la Sinopsis quedó corta en pocos años. Mallada trabaja por ello intensamente en un proyecto más ambicioso: el de la publicación del Catálogo General de las especies Fósiles encontradas en España, publicado en Madrid en 1892, donde se da noticia de 4058 especies fósiles diferentes, de las cuales más de cincuenta se consideran nuevas especies.

En 1879, quedó vacante la Cátedra de Paleontología de la Escuela Superior de Ingenieros de Minas de Madrid, por traslado de su titular, D. Justo Egozcue y Cía. Esta Cátedra le fue ofrecida a Lucas Mallada, que la ocupó brillantemente durante 12 años, entre 1880 y 1892.

La década de 1880-90 es la más fecunda de su vida. Publicó gran cantidad de artículos sobre temas científicos, económicos, sociales y políticos y se convirtió en un personaje conocido y respetado, cuyas ideas inspiraron el movimiento regeneracionista de finales del siglo XIX y se codeó con todos los prohombres de esta época entre los que destacan sus dos amigos el oscense Joaquín Costa y el navarro Ramón y Cajal. Colaboró en los principales periódicos y revistas de España (El Progreso, Revista Contemporánea...) e impartió conferencias en los foros más relevantes. 

Irrumpe con tremendo vigor en el campo socio-político con una serie de escritos polémicos, que culmina con la publicación en 1890 de su famoso libro “Los males de la patria y la futura revolución española”. El libro es sombrío, pesimista. Aparece España como un país minero. Sus tierras, que él conoce como nadie, son calificadas de pobres y esteparias. Dicha obra ejerció una notable influencia en los escritores componentes de la Generación del 98, causando una honda impresión, aunque Azorín discrepase abiertamente de su hondo pesimismo. En cambio, a Pío Baroja, el escritor, hijo de Serafín, le complacía su habitual misantropía. Es una obra clave del pensamiento y la literatura regeneracionista, ya que es una pesimista y documentadísima reflexión, desde un plano científico, sobre las carencias estructurales del país, y una enérgica y profética llamada de atención al esfuerzo colectivo para sacar a España de su postración y evitar estallidos sociales. Dicha obra permite considerar a Mallada como un precursor «integral» de Joaquín Costa.

Lucas Mallada también ejerció como hidrogeólogo e ingeniero hidráulico ejecutor de obras. En relación con esa faceta trabajó en la captación y abastecimiento de aguas para la ciudad de Montoro (Córdoba), habiendo sido, concretamente, el Ingeniero Director de dichos trabajos. La figura de La Segadora, la diosa Ceres, en fundición de hierro, inmortaliza la fecha del final de los trabajos (1893) y el nombre del autor y Director de las obras, D. Lucas Mallada y Pueyo.

Unos años después, deja manifiestamente constancia, respecto a sus elevados conocimientos hidrogeológicos al exponer y desarrollar en el Congreso Nacional de Minería, celebrado en Murcia en 1900, su ponencia respecto a la "Necesidad e importancia en España de los estudios geológicos para la explotación de las aguas subterráneas"

Desde los comienzos de la nueva centuria, D. Lucas Mallada, después de la fecunda y larga etapa que le llevó lo mejor de su vida, y a punto ya de cruzar el umbral de la gran madurez que supone la edad de los 60 años, se rehace... se reintegra, con no pocos bríos, en su faceta técnica de ingeniero de minas. 

Fruto de esa retomada faceta es su Memoria... de la cuenca de Belmez (Córdoba), publicada en el año 1900; informe que ha pasado a ser el texto clásico por excelencia -cuya consulta fue, y sigue siendo imprescindible- para afrontar cualquier tipo de estudio geológico-minero de la cuenca en cuestión. En estos escritos, Mallada delimita perfectamente los terrenos "hulleros", confinados en una faja de terreno de 60 kilómetros de largo y 2400 metros de ancho, orientada en dirección hercínica -N 70° O-, a la vez que data los materiales más antiguos en donde encaja la formación de que se trata.

Fue propuesto para ministro y alcalde de Madrid, pero rechazó esos honores, si bien creyó conveniente informar de sus ideas al rey en sus famosas “Cartas aragonesas dedicadas a Su Majestad el Rey Alfonso XIII. En este opúsculo se expone con lealtad y franqueza una visión de España muy diferente a la que podría tener el monarca español en sus rápidos viajes por el país. 

En 1895, la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid le invitó a ocupar el sillón que, con su muerte, había dejado vacante su mentor D. Manuel Fernández de Castro. Toma posesión el 22 de junio de 1897, poco antes de que leyeran los suyos Práxedes Mateo Sagasta y Santiago Ramón y Cajal. El tema elegido para su discurso de aceptación fue el de “Los progresos de la geología en España durante el siglo XIX”. En él sintetiza al final de su vida todo lo que, con tanto esfuerzo, habían realizado los geólogos españoles durante este siglo. Le contesta otro ingeniero de minas, Daniel Cortázar.

Recibió las grandes cruces de Isabel la Católica y Alfonso XII. El Cuerpo de Ingenieros de Minas le nombra inspector general. Es presidente de la Sociedad Española de Historia Natural.

Sin embargo, cosa curiosa, los bríos de Mallada no se extinguen con la finalización de su gran obra. Aún le quedan alientos para continuar durante algún tiempo. Pero abandona por completo sus escarceos políticos y sus anhelos utópicos de arreglar España él solito. Se centra ahora de nuevo en sus trabajos científicos, especialmente en la geología económica. Hasta que los achaques le arrinconan. A partir de 1914 le llega el ocaso. Años de soledad, viudez, enfermedades y decaimiento moral. Fallece en Madrid el 6 de febrero de 1911, a los 79 años de edad. Es domingo de Carnaval y Madrid se divierte de lo lindo.

En su testamento pidió que no hubiese esquelas, ni se llevasen coronas en su entierro que quería que fuese “el más modesto”. Así se hizo y su muerte pasó casi desapercibida. De ese modo, nadie se enteró de su muerte hasta que estuvo enterrado. 

En Mallada destacan su erudición, paciencia, tenacidad, pesimismo, modestia, orden riguroso, humor ácido, religiosidad, dotes de observación, afán de polémica, ansias patrióticas. Fue un gran ingeniero de minas, un aragonés ilustre, un sabio de tomo y lomo, un escritor desmesurado. A Mallada le dolía su Patria. Como a otros aragoneses egregios: Goya, Costa y Gracián. Se complacía en sus negruras. Genio y figura hasta la sepultura.

Los ingenieros de minas han mitificado justamente la personalidad de Mallada. Le consideran el patriarca de la ciencia geológica española, les abruma la monumentalidad de su obra científica y socio-política, le admiran con entusiasmo, le aman apasionadamente. Como él amó a España. Pero para el resto de los españoles, Mallada es un perfecto desconocido. Injusticia que es preciso subsanar. Algo habrá que pensar para remediar tamaña ingratitud. Porque Mallada fue una honra de España y de la Ingeniería.

Lucas Mallada estuvo olvidado durante muchos años. Sólo le fue tributado un homenaje póstumo en 1925 en la ciudad de Huesca, organizado por su ciudad, la Academia de Ciencias de Zaragoza y las Corporaciones del Instituto Geológico. Un sencillo monumento, una lápida y un folleto eran los escasos testimonios del recuerdo de los suyos. Cabe añadir ahora el instituto de enseñanza secundaria oscense que lleva su nombre y sendas calles, en Huesca y Zaragoza a él dedicadas. En las últimas décadas se ha reivindicado su figura. En 1994, por iniciativa de las Cortes y el Gobierno aragoneses, se creó la Fundación de Estudios Políticos y Constitucionales «Lucas Mallada».


Fuentes: Ingenieros Egregios. Juan José Alzugaray (1989); mcnbiografias.com; Lucas Mallada. Leandro Sequeiros. Universidad de Granada; Lucas Mallada. Eugenio Pontela Marco; Lucas Mallada un geólogo que intentó reformar España. José Javier Gómez Velasco e Inmaculada Alonso Chavarri. Sedpgym.es; Lucas Mallada. Gran Enciclopedia Aragonesa; 
Un precursor de la generación del 98. Lucas Mallada y Pueyo. Ingeniería minera, paleontología y humanismo. Rafael Hernando Luna (académico numerario) y José Luis Hernando Fernandez