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Ingenieros ilustres

Luis Cubillo y Muro

24/02/2014

 Luis Cubillo y Muro, nació en Madrid el 15 de agosto de 1864 y falleció el 10 de julio de 1925, a los 60 años de edad. Estudio el bachillerato en el Instituto San Isidro, y una vez lo hubo terminado con nota de sobresaliente en 1879, se decidió por los estudios de Ingeniería de Minas, que finalizó en 1889 con la calificación de muy bueno y con el número uno de su promoción.

Tras finalizar brillantemente la carrera de Ingeniero de Minas, muy pronto fue nombrado ingeniero de segunda del Cuerpo de Minas y en 1890 pasó a prestar, con su sólida formación científica, muy valiosos servicios en la Escuela especial del ramo, en la que fue secretario y Catedrático de Cálculo Infinitesimal y Mecánica Racional.

En el año 1896 ingreso como geodesta de tercera en el Instituto Geográfico y Estadístico (actual Instituto Geográfico Nacional, IGN), y desempeñó la jefatura de la primera brigada geodésica de segundo orden primero, y luego la de la astronómico-geodésica, a las órdenes del también ingeniero de minas D. Antonio Esteban Gómez.

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) fue creado el 12 de septiembre de 1870, dependiendo administrativamente de la Dirección de Estadística del Ministerio de Fomento, pero con plena libertad para el ejercicio de las facultades técnicas que se le atribuyen, consistentes en "la determinación de la forma y dimensiones de la Tierra, triangulaciones geodésicas de diversos órdenes, nivelaciones de precisión, triangulación topográfica, topografía del mapa y del catastro, y determinación y conservación de los tipos internacionales de pesas y medidas".

Poco tiempo después de su fundación, mediante Decreto de 12 de marzo de 1873, se crea la Dirección de Estadística y del Instituto Geográfico, la cual, ese mismo año, mediante Decreto de 19 de junio (durante la Presidencia de Pi y Margall de la Primera República), es sustituida por el Instituto Geográfico y Estadístico. En consecuencia, el Instituto deja de ser un órgano integrado en una Dirección General para convertirse en un Centro Directivo independiente. Esta naturaleza la ha mantenido hasta la actualidad, si bien la denominación del Instituto ha variado con los años (Instituto Geográfico y Catastral, Instituto Geográfico, Catastral y Estadístico, hasta la actual denominación, desde 1977, como Instituto Geográfico Nacional).

En 1904, y en unión de D. José Galbis, que era Subdirector General del Instituto Geográfico, fue en comisión de servicios a Paris, Berlín y Viena para señalar nuevos trazos en la regla dimétalica que poseía el Instituto Geográfico, y estudiar en las dos últimas capitales los nuevos métodos de fotograbado.

Ese mismo año, se le comisionó, con el ingeniero D. Aurelio Capilla, para estudiar el plan de formación de un mapa magnético de España, misión que realizó redactando una memoria, que sirvió de base a los trabajos que poco después comenzaron en el Instituto y que continuaron posteriormente. En relación con ese mismo tipo de estudios tuvo a su cargo las observaciones magnéticas que se llevaron a cabo en Burgos durante el eclipse total de Sol del 30 de agosto de 1905, uno de los pocos que se ha tenido la oportunidad de observar desde España en los últimos tiempos. Diversas expediciones científicas eligieron España para instalar sus observatorios provisionales, y lo hicieron porque era el lugar donde más tiempo estaba previsto que durara el eclipse, 3 minutos y 45 segundos, mientras que en la Península del Labrador, al este de Canadá la duración sería de 2 minutos 30 segundos y en Egipto de 2 minutos y 36 segundos.

Sin embargo su aportación más destacada iba a ser de tipo cartográfico, puesto que a él se debió la introducción definitiva de los procedimientos fotomecánicos en los talleres del Instituto, sustituyendo así los antiguos sistemas de grabado en piedra y litografías. Así, en 1907, el entonces Director General del Instituto Geográfico, Ilmo. Sr. D. Francisco Martín Sánchez, le requirió para que reorganizase los antiguos talleres de grabado en piedra y litografía. Abandonando servicios de mayor lucimiento científico, acepto el encargo de su jefe, y para ampliar los vastos conocimientos que ya poseía de las artes de reproducción fotomecánica trabajo en los principales talleres de Madrid, concibiendo desde el primer momento el proyecto de aplicar a los delicados trabajos cartográficos de grandes dimensiones los modernos procedimientos de reproducción, empeño que fue discutido por los industriales de la Corte, algunos de los cuales le tacharon de iluso, afirmando que fracasaría en su intento. 

Pero Luis Cubillo no era industrial salido del primitivo aprendiz, sino que era un hombre que poseía una sólida carrera científico-técnica, y su fracaso hubiera sido de mayor resonancia que en otra persona cualquiera. Y en ese momento comenzó una serie de luchas en la que iba comprometida su reputación, y con míseros presupuestos oficiales, empezó su labor transformadora, pagando de su bolsillo particular viajes al extranjero de diversos operarios que, practicando en los talleres cartográficos de Viena, Berlín, Paris, Londres, etc., trajeron al Instituto procedimientos desconocidos para él.

Tan bien cumplió el encargo de reorganización que le había realizado el Director General Francisco Martín Sánchez que pronto serían muchos los especialistas extranjeros que mencionaban los Talleres del Instituto como el ejemplo a seguir. No cabe duda que contribuyó poderosamente a ello el invento del instrumento porta-originales y porta-placas patentado por Cubillo, el cual permitió obtener reproducciones con exactitud matemática. Asimismo es digna de mención su participación en Las Conferencias Internacionales del Mapa del Mundo (Londres, 1909 y París, 1913) que pretendían su formación a escala 1:1.000.000, con curvas de nivel equidistantes cada cien metros. No debería olvidarse, a este respecto, que la hoja de muestra presentada por el Instituto Geográfico fue el mejor paradigma por la perfección con que había sido ejecutada. 

Al reseñar los distintos trabajos de las distintas secciones de la Asamblea de la Unión Internacional de Geodesia y Geofísica, celebrada en Madrid en octubre del año pasado, necesariamente hacíamos sobresalir la personalidad del Director del Instituto Geográfico y Estadístico y presidente de los comités españoles de astronomía, Geodesia y Geofísica, verdadera alma de la asamblea. 

El Instituto Geográfico y sus Ingenieros Geógrafos tuvieron un especial protagonismo en un acontecimiento transcendental para la historia de la cartografía topográfica, que tuvo lugar en el Madrid el 24 de septiembre de 1924 y que reunió en dicha ciudad al Comité Ejecutivo de la Sección de Geodesia integrado en la Unión Geodésica y Geofísica Internacional, resolviendo declarar internacional el elipsoide de Hayford y recomendando su adopción a todos los países miembros.

Las sesiones de la Asamblea, propiamente dicha, tuvieron lugar, entre los días 1 y 8 de octubre, en el Salón del Congreso de los Diputados. El acto de apertura estuvo presidido por el rey Alfonso XIII, pronunciando la conferencia inaugural el Ingeniero de Minas y Geógrafo, y director del Instituto, Luis Cubillo Muro. 

Del emocionado discurso inaugural de Cubillo se pueden seleccionar los tres párrafos siguientes:

«La Unión geodésica y geofísica internacional nació, pues en 1919 bajo el amparo y los auspicios del Consejo internacional de Investigaciones científicas, a fin de unificar, con la colaboración de las representaciones de los países adheridos, el estudio de todos los problemas concernientes a la figura y física del Globo; problemas de capital importancia, al que todos los pueblos se han dedicado desde la más remota antigüedad, ya que por su naturaleza misma sólo pueden ser resueltos mediante la íntima coordinación de todos los países que pueblan la Tierra. De aquí que este estudio sea el de carácter más internacional, porque la Tierra es una y su forma y dimensiones interesan a todos por igual; los movimientos internos y los de su corteza, como los de su atmósfera, se verifican por causas independientes de las que dan lugar a las diferencias de fronteras y los trabajos de investigación serían nulos si se limitasen a una porción del Globo, si no abarcaran su totalidad. No es, por consiguiente, un trabajo de diferenciación, sino de unificación progresiva. Es la Ciencia que tiene, por la fuerza inexcusable de su naturaleza, que simbolizarse en un abrazo inmenso que se den en las puras regiones espirituales todas las banderas al impulso bendito de los corazones, inspirado en los más altos ideales del conocimiento de la verdad ...»

«Los estudios geográficos tienen hoy en la esfera oficial el ambiente más propicio, y este ambiente responde a tradiciones de tiempos muy lejanos, a veces olvidados, pero otras renacidas a la vida en siglos ya más próximos y por hombres ilustres y jefes de Gobierno que, cual Jovellanos, Godoy y Bravo Murillo llevaron a cabo fecundas y beneficiosas protecciones a esta clase de trabajos. Bravo Murillo, Ministro de Instrucción a mediados del siglo xix, al solicitar la aprobación de un decreto que marcó una fecha interesante para el estudio geológico de España, preconizaba en su preámbulo la necesidad de prácticas científicas que acabaran con la simple exposición teórica de los principios, ya que, sin aquellas, las Ciencias dedicadas al conocimiento del Globo no podían dar a los hombres los elementos de su bienestar mientras no se llegase a los mayores grados de perfección posibles, sobre todo en lo relativo al estudio de la parte de aquél en que a Dios le plugo que naciéramos ...»

El Director General Luis Cubillo finalizó su discurso haciendo uso de la oratoria por entonces imperante:

«La poética invocación que el sabio Presidente del Comité internacional hizo en la primera Asamblea, afirmando que la Unión tuvo por cuna a Bélgica, tierra del honor nacional, y como patria bautismal a Roma, asiento de la belleza artística, y ciudad eterna madre de civilizaciones, puede completarse diciendo que si se eligió Madrid para la confirmación espiritual, buscando en el calor de nuestro sol y en el incomparable azul de nuestro cielo las ilusiones ardientes y las esperanzas purísimas que vivifican el temperamento meridional de los hijos de España y les dan alientos para emprender sin vacilación las empresas que han inmortalizado su nombre y caracterizan el valor moral de la raza hispana.»

Entre sus numerosas condecoraciones merece ser destacada aquí la gran cruz de la orden civil de Alfonso XII que se le concedió, poco tiempo después de que se clausurara la Asamblea de la Unión Internacional de Geodesia y Geofísica, en atención a sus relevantes servicios prestados a la cultura nacional.

Una grave enfermedad hacía ya varios meses que lo tenía postrado y acabó con su provechosa existencia el día 10 de julio de , cuando sólo contaba 61 años de edad, y aún se esperaban de él brillantes gestiones al frente del Instituto Geográfico y Estadístico.

Fuentes: IBERICA, Nº 591; “Los Ingenieros Geógrafos. Origen y creación del cuerpo. Mario Ruiz Morales; Crónica Hispanoamericana; leonoticias.com