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Ingenieros ilustres

Mariano Zuaznavar Arrascaeta

24/02/2014

 Mariano Zuaznavar Arrascaeta nació en Azcoitia el 7 de diciembre de 1841 y falleció en San Sebastián el 27 de abril de 1916. Pasó gran parte de su juventud en Irún. Fue un destacado ingeniero de minas español. Está considerado un hombre clave en el desarrollo de la minería en el norte de España de finales del siglo XIX.

Ingresó en la Escuela de Minas de Madrid en el curso de 1860, realizando sus reglamentarias prácticas en las minas de Almadén. Seis años más tarde ingresaría en el cuerpo oficial de Ingenieros de Minas, para ser destinado un año después, 1867, a trabajar en el distrito de Burgos, donde se incluían en ese tiempo las minas de Palencia.

En 1877 pasaría a desempeñar el mismo cargo en el distrito de Guipúzcoa donde alcanzaría gran fama por haber proyectado la traída de aguas de Irún. Tras esta experiencia, vendría a ocuparse de las explotaciones de las minas palentinas de la localidad de Orbó. Curiosa y similarmente a otros ingenieros de minas de su tiempo (casos de Félix Parent o Francisco Gascue) gozaba de una notable habilidad como instrumentista musical y hasta discreto compositor.

Realizó trabajos de prospección en la Sierra de Atapuerca, publicando en 1868, junto con Pedro Sampayo, una descripción detallada de Cueva Mayor, que es considerado el primer estudio de la después llamada Sima de los Huesos, un lugar de vital importancia del yacimiento Patrimonio de la Humanidad de Atapuerca.

Desde 1878 a 1886 ejerció como Director facultativo de la sociedad Esperanza de Reinosa, que llevaba a cabo la explotación de minas de la zona de Orbó, primera explotación de la minería palentina. Así lo definió el historiador palentino Faustino Narganes Quijano:

“gran emprendedor y no menos idealista por lo que las envidias y las rencillas le apartaron de aquella fantástica leyenda de Las mil y una noches de Orbó”.

Allí realizó el proyecto y desarrollo del Canal Subterráneo de Orbó, un canal que aprovechaba las aguas subterráneas del pozo minero para la extracción en barcas del carbón, inaugurado en 1884, y que es considerado el primero y único documentado en la historia de la minería española, así como una obra maestra de la tecnología minera del siglo XIX. Este trabajo le valió la concesión de la Encomienda de Número de la Orden de Isabel la Católica, que había sido propuesta por la Junta Superior de Minas. Sus trabajos en Orbó duraron hasta 1886. Sus innovaciones en los sistemas de transporte exterior e interior del carbón supusieron toda una transformación de la minería de la época. El señor Zuaznávar introdujo en la empresa un admirable orden en la administración y aumento de ingresos, además de ejecutar un considerable número de obras nuevas y restaurar muchas antiguas.

De Palencia pasa a Vitoria-Gasteiz, a la jefatura de Minas de Álava, aceptando un año más tarde la dirección de "La Vizcaya", que sería luego "Altos Hornos de Vizcaya", construyéndose por vez primera en España, por su iniciativa, hornos de coque. 

Su proyecto más importante es el que realizó al frente de la compañía minera de La Robla, en León, donde construyó la línea férrea “Compañía del Ferrocarril Hullero de La Robla a Valmaseda”, de vía estrecha más largo de toda Europa Occidental (284 km) desde León a Valmaseda (Vizcaya) pasando por Palencia y Burgos, adelantándose así a constatar la importancia de unir las cuencas mineras de León y Palencia con la poderosa industria siderúrgica vizcaína. El proyecto inicial, que unía La Robla con Valmaseda fue presentado a Cortes el 26 de noviembre de 1889, y convertido en Ley el 11 de julio de 1890. En enero de 1890, el Congreso y el Senado concedieron oficialmente a Zuaznavar la gestión de la línea férrea y la autorización legal para emprender las obras de:

........construcción y explotación de una línea férrea que, partiendo de La Robla, en la línea de Asturias, Galicia y León, termine en Valmaseda, así como la construcción de nuevos ramales y prolongación de la línea caso de que se estimase conveniente.

Esta obra la llevó a cabo desde 1889 hasta que en 1895 es nombrado Ingeniero Jefe de Minas de Guipuzcoa, donde realizó una importante labor divulgadora, coronándose su carrera al ser señalado como Inspector General del Cuerpo Nacional de Minas.
En mayo de 1905 la sociedad cambió su denominación por Ferrocarriles de La Robla, S. A., y Zuaznavar renunció a todos sus derechos como fundador de la compañía.

Calificado por algunos autores como un tren de corte colonial, su planificación, construcción y puesta en funcionamiento hay que entenderlas en una estrategia de más largo alcance. 

La Robla nace financiado por capitales vinculados a la industria pesada y a la banca vascas, para transportar la hulla y la antracita que comenzará a explotarse sistemáticamente en las montañas leonesas y palentinas a partir del último cuarto del siglo XIX con el objetivo de alimentar la potente siderurgia vizcaína. 

Aunque el trazado original ya cumplía los objetivos iniciales propuestos, el tendido definitivo se realizó en tres fases. En la primera se construye el tramo de La Robla, punto de enlace con los ferrocarriles del Norte y con las cuencas mineras a que estos daba servicio, a Valmaseda, localidad vizcaína donde se unía mediante una concesión con el ferrocarril de Santander- Bilbao, que posibilitaba la llegada de los convoyes y el mineral hasta su destino, la cuenca del Nervión, los carbones castellanos y leoneses. 

En una segunda fase se prolongó hasta la localidad de Luchana con lo que la vía alcanzó 312 kilómetros de longitud. Finalmente, ya en 1923 se completó el trazado con un ramal que unía Matallana con León. 

Si bien el carbón y su transporte constituyeron la causa de su construcción, lo cierto es que La Robla permitió la puesta en explotación de otras industrias a lo largo de su recorrido, siendo las más destacadas las relacionadas con la extracción de arenas y áridos-actividad que aún se mantiene en la localidad burgalesa de Arija- para, entre otros productos, la elaboración del vidrio. 

Minerales, productos agrícolas, materiales transformados convivieron con el uso de la línea por parte de los habitantes de las comarcas que atravesaba el ferrocarril. El paso de los años propició que los castellanos hiciesen de La Robla la vía para buscar nuevos horizontes en las ciudades del norte. 

Los vizcaínos, por su parte, vieron en el hullero un medio ideal para el turismo estacional con destino a las merindades burgalesas. 

La dependencia del ferrocarril con respecto a la explotación de las minas provocó lo inevitable. La crisis de éstas ocasionó una pérdida progresiva de la rentabilidad de la vía férrea, no mitigada por la puesta en marcha de diferentes planes de mejora. 

En 1972 la Sociedad del Ferrocarril Hullero de La Robla a Valmaseda S.A. entró en quiebra y la empresa pública FEVE se hizo cargo de la línea. En 1991 cesó su utilización para el tráfico de pasajeros -restringido sólo al de mercancías- pero, desde mediados de la década de los noventa se pusieron en marcha diversas iniciativas de recuperación del ferrocarril, que permitieron que se reanudase con garantías la circulación de carbones, en esta ocasión, procedentes de los puertos del Cantábrico con destino a las centrales térmicas palentinas y leonesas- y que, desde 2003, volviese a recorrer en su trazado el Transcantábrico, última fase de la restauración completa del tráfico de viajeros en la totalidad del recorrido de La Robla.

Amén de su importante labor científica, plasmada en numerosos trabajos sobre geología y minería para el Instituto Geológico de España y en revistas como "Euskal Herria", estudiando asimismo aspectos históricos de la minería vasca (Monografía acerca de las ferrerías vascongadas, San Sebastián, 1905, un monográfico sobre las ferrerías del País Vasco hasta su extinción con la llegada de los altos hornos), destacó Zuaznavar como musicólogo y compositor. Organizó y dirigió coros desde su época de estudiante, tuvo interés por la música popular vasca, componiendo zortzicos y bailes para piano, así como una Misa a gran Orquesta, motetes, un Rosario compuesto para la Misa de fin de Siglo, que se estrenó en San Vicente de San Sebastián, Salves y distintas obras para piano.

En 1907 fue nombrado Inspector General del Cuerpo de Minas en San Sebastián, y un año más tarde se jubiló.

Existe un libro de título. “Homenaje al... Ingeniero de Minas... Don Mariano Zuaznavar por sus compañeros, amigos y admiradores” de José Blass y Cía., 1916.

Fuentes: 
Zuaznávar: Un hombre clave de finales del siglo XIX en el desarrollo del Norte Palentino. Faustino Narganes Quijano, euskomedia.org, ferropedia.es, spanishrailway.com, Wikipedia.