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Ingenieros ilustres

Matías Menéndez de Luarca

24/02/2014

 D. Matías Menéndez de Luarca y Argüelles-Quiñones nació en Oviedo el año 1828 y falleció en la misma ciudad el 23 de Abril de 1866. Es un científico puro que pasa por ello desapercibido y que muere en plenitud de facultades. Es uno de los componentes de las primeras promociones del Cuerpo de Minas llamadas a laborar en pro del engrandecimiento patrio y al unísono de un grupo selecto de extranjeros entre los que descuella Guillermo Schulz.

Ingresó en la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid en 1845 y terminada su carrera, sirvió en los establecimientos de Linares y Almadén hasta 1853 y, a continuación, pasó a la Inspección de Minas de Murcia. Su residencia ordinaria era Cartagena, en cuya ciudad se conquistó numerosas simpatías, adquiriendo entre los mineros la justa reputación que merecía por su talento e instrucción. 

En 1856 introdujo varias reformas en la preparación mecánica de los minerales, y el número 38 del Cartaginés elogió los resultados obtenidos por Matías Menéndez de Luarca en el lavado y concentración de dos terreros romanos de aquella sierra, que solo rendían 5 a 6 % de plomo, y que merced a las reformas hechas por él, produjeron hasta el 76 %. 

Además del servicio ordinario que prestó en aquel importante distrito minero, también trabajó en la comisión, nombrada en Mayo de 1859, para el estudio de la variación del trazado de ferrocarril entre Murcia y Cartagena, dirigiéndolo al través de la Sierra de Carrascoy. 

En Octubre del mismo año, salvó la vida con sus acertadas disposiciones a un minero que hacía tres días estaba incomunicado en la mina Consolación, a consecuencia de un hundimiento. Apenas llegó este hecho a noticia de Matías Menéndez de Luarca, se trasladó a la mina, emprendiendo una labor de avance a través de los escombros y haciendo desarmar el techo de la casa y de un lavadero de la mina para utilizar las maderas. Su impaciencia ayudada de su vigorosa constitución, le impulsaron a tomar parte activa en los trabajos, hasta conseguir salvar al minero de una muerte segura.

Nombrado ayudante de la Escuela de Minas en Octubre de 1859 y profesor de Geología y Paleontología en Febrero de 1861, se le presentó una nueva actividad en la que desarrollar su poderosa inteligencia y su trabajo incansable. Sus saberes le llevan a consagrarse a la docencia, captándose el respeto y admiración de los estudiantes y también el aplauso de sus colegas. Matías Menéndez de Luarca es hombre de excepcionales condiciones que consagra por entero a su trabajo. Domina las Matemáticas y las Ciencias Naturales a imagen de su maestro don Policarpo Cía. Y a imagen también del benemérito Casiano de Prado del que algunos de sus mejores trabajos versaban sobre Asturias. 

Al margen de lo docente propiamente dicho, se encariña con la idea de ordenar y clasificar los numerosos especímenes fósiles que llegan a la Escuela procedentes de toda España en aquella hora de febriles prospecciones mineras, donados por investigadores conscientes o por sabios cuyo apellido, no pocas veces, nominará las nuevas especies descubiertas. 

Matías Menéndez de Luarca pone manos a la obra y ordena y clasifica unos dieciocho mil fósiles procedentes de todos los terrenos conocidos por entonces, y sabedor de la importancia de su obra, que excede lo meramente recreativo o tópico, crea con ella lo que constituye el primer museo paleontológico de la Escuela de Minas, apto para la formación de futuras generaciones de ingenieros de minas que habrán de rendir tributo al celo de aquel profesor asturiano tan competente como modesto. 

Al mismo tiempo se dedicaba, en los cortos momentos de descanso, al estudio de las mejoras de la agricultura de Asturias, entregándose en el laboratorio de la Escuela al análisis de tierras vegetales, aguas y abonos, siempre en la búsqueda de unas condiciones óptimas para el mejoramiento de la agricultura asturiana. También se dedicó al estudio de las cuestiones técnicas y administrativas de aguas minerales, sobre lo cual dejó algunos trabajos, que desgraciadamente se han perdido. 

Uno de sus proyectos, entre los muchos que le sugería su entusiasmo por la profesión y que indudablemente hubiera realizado, era el hacer investigaciones en algunas cuevas, entre otras la que existe en el Congosto, junto a Alcorlo, en la provincia de Guadalajara.

Creada en Febrero de 1865 una comisión permanente de geología aplicada, fue nombrado vocal, encargándole el estudio de la cuenca carbonífera de Belmez y Espiel y en 27 del mismo mes y año, Jefe de la comisión para el estudio de las cuencas carboníferas de Oviedo, León y Palencia. 

El 23 de abril de 1866, en la flor de la edad, fallece en Oviedo Matías Menéndez de Luarca de un cáncer en el estómago. Joven aún, no pudo terminar ninguno de los trabajos que tenía emprendidos, ni realizar los proyectos que sin duda hubieran elevado su nombre al nivel de los primeros geólogos. La ciencia hispana pierde con él a uno de los modernos valores más caracterizados y prometedores, Queda inconclusa la obra agrícola en la que trabajaba. Ese mismo año comienzan su carrera en la Escuela Especial de Ingenieros de Minas veinte nuevos alumnos internos. Entre ellos Luis de Adaro y Magro. El recuerdo del maestro perviviría a través de una nueva generación.

Existe una escultura de Matías Menéndez de Luarca, ubicada en el recinto de la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA).

Fuentes: La minería hispana e iberoamericana. Contribución a su investigación histórica. Vol. II. Cátedra de San Isidoro. León, 1970.