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Ingenieros ilustres

Policarpo Cía y Francés

24/02/2014

 Policarpo Cía y Francés nace en Pamplona en 1817 en el seno de una noble familia navarra y fallece en Tudela (Navarra) el 21 de octubre de 1867. Ingeniero de Minas, fue alumno de la Escuela de Minas de Madrid, formando parte de la primera promoción de Ingenieros de Minas de esa escuela. 

Inicia sus estudios superiores en 1835 en la cátedra de química docimástica de la Dirección General de Minas, regentada por el ingeniero tercero del Real Cuerpo Facultativo de Minas Vicente González Arnao, al mismo tiempo estudia ciencias naturales en el Real Museo bajo la dirección de Donato García (1782-1855) y matemáticas en los Reales Estudios de San Isidro. Terminada dicha formación preparatoria, quedó incorporado a la primera promoción (1836) de la Escuela de Minas de Madrid, figurando en el escalafón general con el número 275. Fueron sus profesores: de mineralogía y geognosia, Rafael Amar de la Torre (1802-1874); de laboreo de minas y mecánica, Joaquín Ezquerra del Bayo (1793-1859); de docimasia y metalurgia, Lorenzo Gámez Pardo (1800-1847). Durante los tres cursos seguidos en la escuela, en todo momento ocupó el primer lugar.

En 1839, termina sus estudios y con la categoría de aspirante del Cuerpo de Minas es destinado a las Minas de Almadén, bajo las órdenes de Casiano del Prado y Vallo. Durante su estancia en Almadén, compaginó una intensa labor en las minas, construyendo un arco de 20 metros de luz que lleva su nombre, con la impartición de docencia en la Escuela de Capataces de Minas de Almadén, desempeñando las cátedras de conocimiento de minerales y rocas y laboreo de minas, durante los cursos 1841-1842 , 1842-1843 y 1843-1844, en que cesó, así como en sus actividades en el coto minero, para pasar a la minas de Linares (Jaén) con la categoría de Ayudante primero del Cuerpo.

De las minas de Linares paso a desempeñar la secretaría de la inspección de Asturias y Galicia a las órdenes del Inspector Guillermo Schulz y Schvvizer. Desde este destino fue comisionado para realizar una visita de inspección a las minas de Huesca, Pirineos del Aragón Alto y Navarra, tema de una de sus publicaciones.

La sanción por R.O. (10 de mayo de 1845), relativa a las dietas asignadas a los ingenieros por las operaciones facultativas, hechas a instancia de parte y oficialmente, fue considerada por muchos ingenieros como depresiva, motivo de la baja en el servicio solicitada por varios, entre ellos por Policarpo Cía. Ante las insistencias para su retorno al servido activo, accedió con la condición de servir en ultramar. Es nombrado ingeniero inspector de la provincia de Puerto Príncipe en la isla de Cuba en el año 1846. 

Antes de emprender la navegación hacia la isla de Cuba, pasó a Suecia, donde estudió el beneficio de los minerales de cobre de Swansea y de Fahlum y los de hierro de dicho país, así como la posibilidad de utilización de estas técnicas en España y en Cuba. Llegó a La Habana en diciembre de 1847.

En Cuba, trabajó intensamente durante su corta estancia, debido a los efectos nocivos del clima para su salud. Formó parte activa de la comisión encargada de redactar las ordenanzas mineras de la isla, puso especial interés en los estudios para mejora de las ricas explotaciones mineras de cobre de Santiago de Cuba y el yacimiento de oro de Holguin.

Existe una Memoria, publicada en La Habana y luego extractada en la Revista Minera de 1850, en la que Cía expuso con una gran erudición, impregnada por un cierto afán de emulación, las técnicas más avanzadas en fundir cobre, y cómo convenía importarlas. Merece la pena reproducir uno de sus párrafos: “En resumen, la ventaja de que por este procedimiento [sistema de reducción con carbón y hierro] pueden tratarse indistintamente óxidos, carbonatos y sulfuros; los menores gastos de elaboración, de construcción y reparación; la brevedad con que se alcanzan los productos; y la ínfima pérdida de cobre en las escorias...ofrecen alicientes poderosos para que sea preferido [a la hora de] establecer una nueva fábrica”.

Dejó Policarpo Cía, prácticamente terminada, la cartografía geológica de la isla de Cuba, utilizando como mapa director el del naturalista coruñés Ramón de Ia Sagra (1798-1871), catedrático de historia natural en La Habana, publicado en 1853.

Fue un gran entusiasta de la docencia. Así, cuando era estudiante le agradaba explicar a sus compañeros los temas sobre los que tenían dudas. Oficialmente inició su función docente en la Escuela Práctica de Minas de Almadén, como ya se ha mencionado.

Interesado Rafael Cavanilles y Malo (1778-1853), Director de la Escuela de Minas de Madrid, en contar con su colaboración como profesor, logra el 9 de agosto de 1819 su designación, regresando Cía a la Península en julio de 1850. Entra a formar parte del claustro de profesores de la Escuela de Minas de Madrid, encargándose del grupo de cátedras de mecánica aplicada, construcción y estereotomía y años más tarde de las de laboreo de minas, geología y mineralogía.

Al poco tiempo de llegar a la Escuela de Minas de Madrid, le encargan trabajos de reconocimiento y estudio de las minas del Norte de Europa. Por dicho motivo, Cía permaneció en comisión de servicios seis meses, visitando varios establecimientos mineros y metalúrgicos, como las célebres minas de Fahlum y Dannemora y las forjas de Österby en Suecia, y otros centros de Noruega y Finlandia, tomando contacto con las tecnologías de dichas minas para luego implantarlas en España con notable éxito. A su regreso, publicó varios trabajos científicos, relativos a la aplicación de los métodos suecos en las minas de Huelva de Río-Tinto, en la Revista Minera.

También continuo trabajando para empresas particulares y, así a su regreso del viaje europeo, es nombrado director de la mina “La Suerte” (1854-1855), considerada como una de las más importantes del distrito argentífero de Hiendelaencina (Guadalajara). Esta conocida mina enclavada en el paraje conocido como Canto Blanco, que benefició junto a otras el mítico Filón Rico, fue registrada y denunciada por Antonio Orfila el día 29 de julio de 1844, buen conocedor también del terreno y hermano del famoso Mateo Orfila, catedrático de química en París y autor de numerosos tratados científicos, a quien fueron enviadas las primeras muestras del mineral extraído, y que, al contestar afirmativamente respecto a su riqueza, dio el espaldarazo definitivo a tan magna empresa.

Cía consiguió resultados muy satisfactorios, promoviendo el aprovechamiento de los grandes montones de tierras pobres, que no tenían salida debido a su baja ley en plata, con una preparación mecánica por vía húmeda, técnica generalizada posteriormente a todas las sociedades de aquella comarca minera.

Además de la mina “La Suerte” se encontraban las minas “Santa Cecilia”, y “La Fortuna”. Las minas, que se explotaron desde 1844, adquirieron gran notoriedad, especialmente el filón «Santa Cecilia», del que se extrajo el 90 % de la producción de plata. Las principales menas extraídas del «Santa Cecilia» fueron miargirita y pirargirita; la profundidad máxima a la que se excavó este filón fue de 690 m. Otro filón importante fue el denominado «Mala Noche» Se calcula que la mina “Santa Cecilia” solamente entre 1854, recién abierto el conjunto, y 1859, se obtuvieron 500000 quintales de plata por un valor de unos cinco millones de reales. Se creó la Sociedad “La Bella Raquel” y a la fábrica le denominaron “La Constante”.

Tras la jubilación a petición propia, por razones de salud, de Ramón Pellico y Pan y Agua (1809-1876), en 1862 es nombrado Director de la Escuela de Minas de Madrid, donde su labor se desarrolló mejorando la calidad docente y aumentando el número de alumnos, buscando siempre una nueva ubicación para esta Escuela que permitiera desarrollar una labor académica acorde con los estudios que se impartían. 

Como director, luchó infatigablemente por el prestigio de la Escuela, que paso de 5 alumnos en la promoción de 1863, a 20, número tope que tuvieron las promociones de 1864, 1865 y 1866. Los campamentos de geología habían quedado suspendidos desde el celebrado en Hiendelaencina (1850). Logró reanudarlos gracias a los créditos alcanzados, promoviendo los de Hiendelaencina (1863) y Cartagena (1864).

Actualizó el reglamento de Ia Escuela, iniciando su detenido estudio (abril de 1863), con grandes dificultades por parte de los profesores, dado que cada uno juzgaba su asignatura como la más importante. Las sesiones se iniciaban a las 14 horas, los dios hábiles y los domingos y festivos a las 9 de la mañana. El número de ingenieros del cuerpo era insuficiente para la docencia, policía minera y demás actividades de su competencia, logrando el R.D. de 29 de junio de 1864 para dar al cuerpo mayor ensanche.

Otra de sus preocupaciones era la insuficiencia y baja calidad de la Escuela en la plaza del Conde de Barajas, número 8, pero por falta de créditos todo se redujo a la prórroga del contrato de inquilinato por otro cuatrienio.

En 1864, fue nombrado Inspector General de segunda clase, desempeñando a su vez el cargo de vocal de la Junta Superior Facultativa de Minería. Problemas de salud, hicieron que pocos años más tarde tuviera que dejar estos cargos. La Gaceta de Madrid el 10 de noviembre de 1864 publica su cese como Director de la Escuela de Minas y con la misma fecha el de nombramiento de José de Monasterio y Correa (1819-1874), quien le había sustituido en muchas ocasiones como director interino, unas veces, y otras como director en funciones.

Entusiasta navarro, pasó a residir en Tudela (Navarra) cuando le concedieron la jubilación cesando en sus actividades mineras y dedicándose a pasear y comentar sobre la agricultura de aquellas fértiles tierras. 

Policarpo muere en Tudela (Navarra) en el año 1867, a la edad de 50 años tras una intensa vida dedicada a la minería.

A pesar de su alejamiento de la minería, su óbito fue muy sentido y José de Monasterio y Correa escribía refiriéndose a Policarpo Cía: "Deja rastros imperecederos de su laboriosidad, de su competencia y de su justificación acrisolada”. Durante la dirección (1922-1927) de la Escuela de Eduardo Gullón y Daban (1860-1927), se construyó el nuevo edificio para aula magna y laboratorio, inaugurado por don Alfonso XIII con motivo de la festividad de Santa Bárbara (4 de diciembre de 1925). En el aula magna entre los diez apellidos inmortalizados con letras de oro figuraba "Cía”.

El dominio de varios idiomas, principalmente, francés e inglés, le permitieron hacer traducciones de ambos idiomas y comentar artículos referentes a los últimos adelantos. Así, durante su vida profesional fueron numerosos los trabajos sobre geología (“Observaciones geológicas de una gran parte de la isla de Cuba”. Madrid 1854) y minería publicados en las diferentes revistas como Anales de Minas, Boletín Oficial de Minas, Revista Minera, etc., destacando los realizados sobre las minas de Almadén y las minas de la zona de Hiendelaencina (Guadalajara). Se pueden citar los siguientes:

-"Memoria sobre la máquina de vapor que sirve para el desagüe de las minas de Almadén del azogue, su trabajo mecánico y su efecto útil, y mejora de que es susceptible”. Septiembre, 1839. Anales de Minas.
-“Memoria sobre los procedimientos empleados en Linares para el beneficio de los minerales de cobre". Mayo 1840. Anales de Minas.
- “Memoria sobre el procedimiento que se emplea en Almadén del azogue para el beneficio de sus minerales. Almadén, 23 de marzo de 1840.
- "Noticia sobre varias minas de Aragón y Navarra. Boletín Oficial de Minas, 1844.
- "Minas de Sierra Almagrera y Murcia". Boletín Oficial de Minas, 1844.
- “Memoria sobre el beneficio de los minerales de cobre en Swansea”. La Habana, Imp. del Gobierno, 1850.
- “Memoria sobre el beneficio del hierro en Suecia, Boletín Oficial del Ministerio de Fomento, (1852).
-“Sobre el beneficio de los minerales de cobre en Fahlum (Suecia) y resultados que daría su aplicación en Rio-Tinto. Revista minera (1853).

Fuentes: euskomedia.org; mcnbiografias.com; Minería iberoamericana: Biografías mineras, 1492-1892, editado por Juan Manuel López de Azcona, Ignacio González Casasnovas, Esther Ruiz de Castañeda